En el puerto de Marmaris, Turquía, el superyate Eclipse, perteneciente a un prominente empresario y político ruso, ha permanecido amarrado durante cerca de tres años. Aunque inmóvil, la embarcación, valorada en aproximadamente 700 millones de dólares, ha tenido un notable consumo, requiriendo una tonelada de diésel diarias para operar su sofisticado sistema de aire acondicionado, esencial para preservar su lujoso interior y equipos electrónicos ante el calor y la humedad.
Recientemente, Eclipse fue trasladado a Estambul para realizar importantes reparaciones. Durante los 900 días en los que estuvo inactivo, el yate generó una huella ambiental significativa, lo que plantea cuestiones sobre la sostenibilidad y la ética involucrada en la conservación de tales activos de lujo.
Con una longitud de 162 metros y un ancho de 22 metros, Eclipse cuenta con características excepcionales, incluyendo dos helipuertos, suites de lujo, un cine, y una piscina que se convierte en pista de baile. Además, está equipado con un submarino capaz de sumergirse a 50 metros, un sistema antimisiles, ventanas a prueba de balas y blindaje parcial, convirtiéndolo casi en una fortaleza flotante.
El yate, que fue entregado en 2010 tras su construcción por Blohm+Voss, cumplió recientemente 15 años, lo que requirió una exhaustiva Inspección Especial de Clasificación. Esta inspección incluye una medición de espesor por ultrasonidos del casco, renovación de sistemas antiincrustantes, y detección de corrosión, además de revisiones a los sistemas eléctricos y de seguridad.
Se estima que las mejoras estéticas, como repintados en la estructura y el casco, podrían elevar los costes de estas operaciones a más de 40 millones de dólares. Este proceso asegura que, tras años de funcionamiento, la embarcación cumpla con todas las normativas de seguridad vigentes.


