En Irán, autoridades y medios estatales informaron que el ayatolá Alí Jamenei habría muerto en un ataque, una versión que no ha sido verificada de forma independiente y que ha provocado reacciones oficiales y regionales inmediatas.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, aseguró en declaraciones a la televisión estatal que la respuesta iraní será contra Estados Unidos e Israel, y advirtió: «Han quemado el corazón del pueblo iraní. Nosotros, en respuesta, quemaremos sus corazones».
Larijani calificó la muerte del líder como «muy dolorosa para la nación» y recordó que Jamenei había dirigido el curso de la República Islámica durante los últimos 37 años, según sus palabras.
El funcionario afirmó que, pese al impacto, el pueblo iraní ha superado agresiones peores a lo largo de su historia y que los mártires fortalecen la resistencia nacional.
En su intervención, Larijani criticó al presidente de Estados Unidos, a quien describió como «un símbolo perfecto» del saqueo colonialista, y sostuvo que éste se ha dejado arrastrar por Israel en la actual confrontación.
También acusó a Israel de buscar la fragmentación de Irán para dominar la región y afirmó que Washington se ha colocado bajo el dominio israelí.
Por su parte, la Casa Blanca reaccionó con advertencias, y el presidente de Estados Unidos declaró que golpearía a Irán con «una fuerza nunca antes vista» si Teherán cumple amenazas de represalia contra Estados Unidos e Israel.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció ataques contra 27 bases militares estadounidenses en Oriente Medio y objetivos de Israel, según una publicación en X de la agencia Tasnim, vinculada al organismo castrense.
Medios y fuentes regionales informaron que, tras los ataques conjuntos atribuidos a Estados Unidos e Israel contra Irán, las fuerzas iraníes han realizado acciones contra Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin y Kuwait, países con presencia militar aliada en la región.
El alcance y la secuencia de esas operaciones aún no han sido corroborados por observadores internacionales independientes.
El gobierno iraquí declaró tres días de luto nacional por la muerte atribuida al ayatolá, expresó condolencias «con profundo dolor y tristeza» y calificó el hecho como «un acto flagrante de agresión», según el portavoz oficial.
En su comunicado, Irak describió al fallecido como un mártir destacado y pidió el cese inmediato e incondicional de las operaciones militares que, dijo, están elevando los niveles de violencia en la región.
Organizaciones locales de socorro calcularon más de 200 muertos por los ataques registrados, según reportes de la Media Luna Roja, cifra que tampoco ha sido confirmada de manera independiente.
La situación continúa siendo tensa y fluida, con declaraciones cruzadas de los gobiernos implicados y llamados internacionales a evitar una escalada mayor.


