La escalada militar entre Estados Unidos e Irán, que incluye ataques a instalaciones petroleras en el Golfo, plantea riesgos para el suministro de energía y podría repercutir en los precios de combustibles y la economía local.
El presidente de Estados Unidos afirmó en su red social que Irán está «totalmente derrotado» y que busca un acuerdo, aunque rechazó aceptar cualquier pacto en sus términos.
La declaración siguió a un ataque estadounidense contra la isla iraní de Jarg, centro de la industria petrolera, que el mandatario describió como uno de los bombardeos más potentes de la región y dijo que alcanzó los objetivos militares previstos.
Tras el ataque, las autoridades iraníes advirtieron que destruirán «toda la infraestructura petrolera, económica y energética relacionada con Estados Unidos» en Oriente Medio.
La Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber atacado en varias oleadas objetivos en bases aéreas utilizadas por Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Catar.
El nuevo líder supremo iraní afirmó en su primer mensaje público que el estrecho de Ormuz permanecería cerrado como palanca de presión mientras continuen los ataques de Estados Unidos e Israel.
El petróleo se ha convertido en un elemento central del conflicto y su gestión condiciona la estabilidad de los mercados y la economía mundial.
El presidente estadounidense ha ofrecido estimaciones variables sobre la duración de la operación, señalando en distintos mensajes que podría prolongarse varias semanas y, más recientemente, que estaba «a punto de concluir».


