La operación militar anunciada por Estados Unidos, que según la Casa Blanca ha destruido nueve buques de guerra iraníes, tiene impacto directo en la seguridad del personal y las bases estadounidenses en la región y eleva la tensión en el entorno geopolítico inmediato.
El presidente de Estados Unidos aseguró en un mensaje en redes sociales que se hundieron nueve embarcaciones, algunas de ellas de considerable tamaño, y advirtió que el resto de la marina iraní también será atacada; además afirmó que fue destruido el cuartel general de la Marina iraní y realizó comentarios irónicos sobre la situación de esa fuerza.
La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán dijo haber alcanzado con misiles al portaaviones USS Abraham Lincoln, una afirmación que fue desmentida por el Comando Central del Ejército estadounidense (Centcom).
Desde el inicio de la operación denominada «Furia Épica», que Estados Unidos lanzó junto a Israel, las autoridades estadounidenses han reportado al menos tres militares fallecidos; en el marco de esos ataques contra Irán las fuerzas responsables también eliminaron al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y a buena parte de la cúpula militar iraní, según los comunicados oficiales.
Irán ha prometido vengar la muerte de su líder y ha llevado a cabo ataques contra Israel, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait, entre otros países aliados de Estados Unidos donde este mantiene presencia militar.
Ante la crisis política, la República Islámica, en lo que describen analistas como su momento más complejo desde 1979, se apresura a designar un sucesor y ha formado un triunvirato para pilotar la transición del poder.
El presidente estadounidense, desde su residencia privada en Florida, anunció el inicio de la operación con el objetivo declarado de derrocar al régimen iraní, pese a que hasta recientemente Washington y Teherán mantenían negociaciones para un nuevo acuerdo nuclear.


