En Irán, el líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, responsabilizó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por la violencia que, según declaraciones oficiales, ha dejado miles de víctimas, en un contexto que ha afectado a amplias zonas del país.
Las protestas, que surgieron por dificultades económicas, se transformaron en manifestaciones generalizadas que reclaman el fin del gobierno clerical.
Trump había amenazado con intervenir si se ejecutaba a manifestantes, aunque después agradeció a las autoridades iraníes la supuesta suspensión de ahorcamientos masivos; las autoridades negaron que existiera tal plan.
Jamenei afirmó que no arrastrarán al país a una guerra pero advirtió que no permitirán impunidad para «criminales» nacionales o internacionales, y acusó a Estados Unidos e Israel de organizar la violencia y de ser responsables de muchas muertes.
El poder clerical describe a los responsables como alborotadores armados que se hacen pasar por manifestantes, los califica de «terroristas» y los culpa de incendios y destrucción de bienes públicos.
No ha sido posible verificar de forma independiente las cifras de víctimas y los detalles de los disturbios; un grupo de defensa con sede en Estados Unidos afirmó haber confirmado más de tres mil fallecidos, entre ellos miles de manifestantes, y reportó más de veintidós mil detenciones.
Los cortes de Internet complicaron la obtención de información y, según informes, el servicio se restableció parcialmente para algunos usuarios, y también se reactivó el servicio de mensajería SMS en ciertas áreas.
Un observatorio de conectividad señaló un ligero aumento en el acceso a la red tras varios días de apagón, aunque la conectividad permanecía muy por debajo de los niveles normales; residentes de Karaj, una de las ciudades más afectadas por la violencia, dijeron haber detectado la vuelta del servicio.
Algunos iraníes en el exterior indicaron en redes sociales que pudieron enviar mensajes a contactos dentro del país tras la parcial reactivación de las comunicaciones.
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