En Michoacán, especialistas en educación difunden la neurocrianza como una propuesta para padres y docentes que busca aprovechar la plasticidad del cerebro infantil y promover un desarrollo emocional y cognitivo saludable. La metodología se presenta como una herramienta práctica para la crianza en el ámbito local y escolar.
La neurocrianza combina los conocimientos de la neuroeducación con la crianza respetuosa y el amor incondicional, según la neuroeducadora Elvira Perejón, autora del libro Educar con cerebro. Perejón señala que el cerebro infantil es altamente plástico y puede reorganizarse mediante experiencias y aprendizajes adecuados.
Perejón, con formación en neuropsicología y experiencia en educación infantil, sostiene que la neuroeducación integra neurología, psicología, ciencia cognitiva y pedagogía para diseñar estrategias basadas en la evidencia sobre cómo se adquieren, almacenan y recuerdan los conocimientos.
Las estrategias neuroeducativas buscan optimizar la atención, la retención y la vivencia placentera del aprendizaje, contemplando factores como la motivación, la curiosidad, la confianza y las emociones. Según la autora, esa unión con la crianza respetuosa permite ofrecer retos y experiencias que potencien habilidades y fortalezas en niñas y niños.
Entre las recomendaciones para aplicar la neurocrianza, Perejón destaca la importancia de los primeros años de vida, cuando se construyen millones de conexiones neuronales, y subraya que el cambio educativo debe empezar por la regulación y la conciencia del adulto que acompaña la infancia.
También remarca que las necesidades básicas —sueño, alimentación, movimiento, juego y apego seguro— son imprescindibles para un desarrollo cerebral sano; que el juego y la música constituyen formas naturales y potentes de aprendizaje; y que los límites claros y coherentes brindan seguridad emocional.
En cuanto al uso de pantallas, la especialista advierte que no deben emplearse entre los 0 y 6 años y que, pasada esa edad, deberían ser la última opción de ocio infantil. Asimismo, interpreta las rabietas como oportunidades para identificar necesidades no cubiertas y aboga por la escucha y la validación antes que por el castigo.
Perejón aconseja transformar la culpa por dudas en conciencia activa y propone una crianza basada en la presencia, la coherencia y la gradualidad: educar «a fuego lento» para acompañar el desarrollo más que exigir perfección. En su resumen, define la neurocrianza como una práctica orientada a ofrecer herramientas reales para la salud mental y emocional de la infancia.



