La cumbre extraordinaria celebrada en Bruselas tuvo impacto directo en los Estados miembros de la Unión Europea, pues la respuesta común ante las amenazas de Estados Unidos sobre Groenlandia puede afectar la seguridad y el comercio de la región.
Los Veintisiete mostraron unidad y firmeza al expresar su apoyo a Dinamarca y Groenlandia y advirtieron de represalias en caso de una nueva escalada en las relaciones transatlánticas.
La reunión fue convocada con urgencia para abordar las advertencias contra la isla groenlandesa que incluyeron referencias a la opción militar y a la imposición de aranceles; posteriormente el gobierno estadounidense anunció una desescalada tras contactos con líderes europeos.
La UE anunció su intención de desempeñar un papel más activo en el Ártico, en cooperación con la OTAN y basándose en intereses compartidos, al tiempo que subrayó que las decisiones sobre la soberanía corresponden únicamente a Dinamarca y a Groenlandia.
La presidenta de la Comisión anunció un aumento de las inversiones y de los esfuerzos de seguridad en la región para proteger intereses europeos y Estados miembros frente a cualquier forma de coerción.
Los líderes avisaron de que la Unión está dispuesta a recurrir a medidas económicas y comerciales si fuera necesario, entre ellas aranceles que se barajaron por importe elevado y la aplicación del instrumento europeo anticorrupción conocido como «bazuca comercial».
La desescalada fue valorada, pero los mandatarios advirtieron del daño a la confianza transatlántica y del riesgo de que la situación favorezca a actores como Rusia y China, por lo que instaron a blindar la relación y a prepararse ante posibles futuras crisis.
En su conclusión, las autoridades europeas defendieron que la unidad y la determinación comunitarias actúan como elemento disuasorio y reiteraron su compromiso de proteger a los Estados miembros y de actuar cuando sea necesario.




