En Kaduna, estado del centro-norte de Nigeria, un ataque armado en la comunidad de Karku dejó al menos tres personas muertas y 11 secuestradas, entre ellas el párroco de la localidad, generando temor entre los habitantes de la zona. La violencia afectó directamente a residentes y fieles de la parroquia local, que demandan medidas de seguridad.
La Arquidiócesis Católica de Kafanchan informó que el reverendo padre Nathaniel Asuwaye fue raptado junto con otras diez personas durante el asalto en Karku. El canciller diocesano, Jacob Shanet, señaló que el incidente provocó también víctimas mortales y pidió oraciones por la liberación de los secuestrados.
La Asociación Cristiana de Nigeria (CAN) en el norte condenó el ataque y expresó su preocupación por la continuidad de los secuestros de sacerdotes y ciudadanos. Su dirigente regional calificó la situación de inaceptable y urgió una respuesta más eficaz de las autoridades.
Las autoridades y organizaciones locales atribuyen parte de la inseguridad en el centro y noroeste del país a bandas criminales dedicadas a asaltos y secuestros masivos para pedir rescates, a las que en ocasiones se califica como grupos terroristas. Estos hechos han aumentado la sensación de vulnerabilidad en comunidades rurales y periurbanas.
En incidentes anteriores, la CAN comunicó la liberación de centenares de fieles que habían sido secuestrados en ataques contra iglesias en la región. También se registraron secuestros masivos de alumnos y docentes en otras localidades, casos que exigieron operaciones de rescate y provocaron desplazamientos.
A la violencia criminal se suma la actividad de grupos yihadistas en el noreste, incluidos Boko Haram y la escisión conocida como Estado Islámico en la Provincia de África Occidental (ISWAP). Ambos movimientos pretenden imponer un modelo de Estado de corte islámico, en un país cuya población es mayoritariamente musulmana en el norte y predominantemente cristiana en el sur.


