Residentes de la localidad de Mongbwalu, en el noreste de la República Democrática del Congo, atacaron e incendiaron una carpa de un centro de salud destinado al tratamiento de pacientes con ébola. Este incidente, ocurrido el pasado viernes, es el segundo ataque en la región en menos de una semana.
A pesar de que no hubo heridos, la situación resultó en la fuga de 18 personas sospechosas de estar infectadas con el virus, cuya ubicación actual se desconoce, según el director de un hospital local. El ataque generó pánico entre el personal del centro, establecido por Médicos Sin Fronteras para atender casos sospechosos y confirmados de la enfermedad.
En otro incidente, un centro en la localidad de Rwampara fue incendiado después de que se prohibiera a los familiares recoger el cuerpo de un residente que se presume había muerto por ébola. Estos cuerpos son altamente contagiosos y pueden contribuir a la propagación del virus durante los funerales.
El ambiente de desconfianza ha llevado a la Cruz Roja a implementar medidas rigurosas para los entierros, que son supervisados por soldados y policías. Las autoridades han prohibido velorios y reuniones de más de 50 personas para controlar la situación.
La Organización Mundial de la Salud considera que el brote representa un riesgo «muy alto» para el Congo, con 82 casos confirmados y siete muertes, aunque se estima que la extensión real del brote es mayor. Actualmente, no existe una vacuna disponible para el virus Bundibugyo, el tipo de ébola que está afectando a la región, y se han reportado 750 casos sospechosos y cerca de 200 muertes no confirmadas.
La respuesta al brote, según expertos, debe enfocarse en generar confianza entre las comunidades locales. Además, tres voluntarios de la Cruz Roja han muerto en Mongbwalu, lo que sugiere que el brote podría haber comenzado antes de lo que se había registrado oficialmente.







