Los casos de ébola en el este de la República Democrática del Congo han superado los mil, con 254 fallecimientos, lo que plantea serias preocupaciones en la región. A pesar de que el Ministerio de Salud ha informado que 100 personas se han recuperado desde el inicio del brote, el rastreo de contactos sigue siendo un reto formidable.
El brote, declarado el 15 de mayo en la provincia de Ituri y causado por el virus Bundibugyo, es considerado el más grave en su primer mes. Las autoridades temen que haya muchos más casos no detectados y creen que el pico de contagios aún está por llegar. Actualmente, aproximadamente 365 pacientes se encuentran en hospitales o en aislamiento.
El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, Jean Kaseya, ha manifestado la necesidad de identificar al paciente cero para controlar el brote, una tarea complicada por la falta de información sobre el inicio de la enfermedad. Hasta ahora, se requiere rastrear a más de 35 mil personas que han estado en contacto con los infectados.
La situación se complica aún más debido a la violencia de grupos rebeldes en la región, que dificultan el acceso a ciertas aldeas. En el campamento de desplazados de Kigonze, en Bunia, han reportado la muerte de diez personas en circunstancias inusuales, lo que genera inquietud sobre la posible propagación del ébola entre las más de 20 mil personas que viven allí. Aunque no se han confirmado casos de la enfermedad en el campamento, se han solicitado investigaciones debido a la inusual tasa de mortalidad.
La ONU ha advertido que al menos 2 millones de personas desplazadas, incluidas más de 320 mil refugiados, se encuentran en zonas de riesgo en el Congo. La situación de los desplazados es alarmante, y líderes locales han expresado su preocupación de que una epidemia en este contexto podría resultar devastadora.






