Desde hace algunos años, las empresas automotrices chinas han acelerado su expansión internacional, no solo ingresando a nuevos mercados con estrategias de precios competitivas, sino también estableciendo o adquiriendo fábricas en diversas partes del mundo. Aunque el anuncio de una nueva planta en México podría interpretarse como positivo, es importante considerar que esto puede no traducirse en un beneficio económico claro para el país.
Fábricas con proveedores y empleados chinos, pero fuera de China
En una reciente entrevista, un alto funcionario de la Comisión Europea reveló que algunas marcas chinas están ya fabricando vehículos en Europa, aunque con componentes y personal originarios de China. Esta situación plantea inquietudes sobre la sostenibilidad de la economía local, ya que no se están generando los empleos indirectos asociados a la cadena de proveedores, que normalmente se esperarían cuando un fabricante establece operaciones en un nuevo país. En muchos casos, los automóviles llegan prefabricados, siendo ensamblados en destino, lo que limita el impacto económico en el lugar.
Este enfoque se ha observado en países como España y Hungría. Un ejemplo es la planta de baterías de Stellantis en Zaragoza, donde se ha trasladado un gran número de trabajadores chinos para gestionar tanto la construcción como la operación de la planta. Asimismo, hay inquietudes en relación a Chery en Barcelona, donde aunque se emplea a trabajadores locales, el modelo de negocio también depende de vehículos que llegan casi listos desde China.
Perspectivas en México
En México, la marca JAC opera bajo un modelo similar, con automóviles ensamblados por mexicanos. Si bien esto ha generado empleos en estado de Hidalgo, la naturaleza del proceso—que se basa en el ensamblaje y no en la producción completa—limita el potencial económico en comparación con fabricantes que producen vehículos desde cero y cuentan con una red más amplia de proveedores locales, como Nissan o Volkswagen.
En los últimos años, varias empresas chinas, como BYD, Great Wall, MG y Chirey, han expresado interés en establecer fábricas en México. Si estas nuevas instalaciones generan empleo para mexicanos y utilizan proveedores locales en un modelo de producción real (más allá del simple ensamblaje), esto podría representar una oportunidad significativa para la economía nacional. Sin embargo, las estrategias observadas en Europa generan preocupación sobre el futuro de la industria automotriz en México.


