El papa emitió una carta apostólica en la que calificó los abusos cometidos por miembros del clero como motivo de “vergüenza” y urgió a reforzar la formación de los sacerdotes para prevenirlos y promover una vida espiritual sólida.
El documento, dirigido a los presbíteros, conmemora el 60 aniversario de los decretos Optatam totius y Presbyterorum ordinis y subraya la “urgencia de una formación integral que asegure el crecimiento y la madurez humana de los candidatos al presbiterado, junto con una rica y sólida vida espiritual”. En ese marco, el pontífice definió al seminario como “una escuela de los afectos” y afirmó la necesidad de “aprender a amar y a hacerlo como Jesús”.
El texto sostiene que sólo “presbíteros y consagrados humanamente maduros y espiritualmente sólidos” podrán asumir con credibilidad el compromiso del celibato y anunciar el Evangelio de forma verosímil. Asimismo, advierte contra el personalismo y la “celebración de uno mismo” que puede derivar de la exposición pública ligada al cargo.
Respecto al uso de los medios y las redes sociales, la carta aconseja prudencia: su empleo “debe evaluarse siempre con sabiduría, tomando como paradigma del discernimiento el del servicio a la evangelización”, y recuerda que “todo me está permitido, pero no todo es conveniente”.
En el mismo documento, Robert Prevost señaló que los sacerdotes están llamados a responder con “testimonio de una vida sobria y casta” al anhelo contemporáneo de relaciones auténticas, y a ser “fermento eficaz de los vínculos, las relaciones y la fraternidad de la familia humana”.
El llamado del Vaticano llega en un contexto en el que, tanto en México como en otros países, las denuncias de abuso clerical han afectado la confianza en la Iglesia y han reabierto el debate sobre medidas preventivas, transparencia y responsabilidades institucionales.




