La Diócesis de Cuernavaca, en Morelos, difundió orientaciones sobre la música permitida en las Misas de Matrimonio, con el objetivo de uniformar y cuidar la celebración del sacramento en una región que recibe numerosas bodas. El material, elaborado por la Dimensión de Música Sacra diocesana, establece criterios pastorales y repertorios aprobados para acompañar las celebraciones.
El documento subraya que la recepción de los contrayentes debe hacerse como una sola procesión acompañada por un único canto, en consonancia con las posibilidades que ofrece el Misal Romano. Señala asimismo que hay dos formas válidas de recibir a los novios: en la puerta de la iglesia para entrar en procesión o en el lugar preparado para los contrayentes.
La diócesis recomienda evitar piezas de moda, bandas sonoras de películas, himnos deportivos y música popular no compuesta para uso litúrgico. Advierte además que marchas nupciales como las de Wagner y Mendelssohn no responden a criterios litúrgicos adecuados por su origen teatral y el contexto de las obras de las que proceden.
Como alternativa propone repertorios compuestos para la liturgia y pide que las selecciones musicales favorezcan la unidad, la belleza y la espiritualidad de la celebración. En el caso del mariachi, reconoce la tradición local de la “Misa con Mariachi” pero indica que su participación debe acordarse con quien preside la ceremonia.
El texto exige que los músicos de mariachi tengan experiencia y conocimiento de la liturgia y ofrezcan repertorios adecuados para los cantos y momentos de la boda. Asimismo recuerda la necesidad de mantener silencio en los momentos centrales del rito: durante el interrogatorio, el consentimiento, el intercambio de anillos, las arras y la bendición nupcial no debe haber música, ni siquiera instrumental.
Se insiste en que oraciones como el Gloria, el Santo, el Padre Nuestro y el Cordero de Dios no pueden ser modificadas y que, si no pueden cantarse, deben recitarse. La normativa busca que la música litúrgica brote de la fe y sea entendida como un ministerio al servicio del amor y de la gracia que se celebra en el sacramento del matrimonio.



