En la localidad de Huwara, al sur de Nablus, colonos israelíes incendiaron un vehículo todoterreno de un palestino y escribieron grafitis con mensajes racistas, afectando directamente a residentes del lugar.
Durante el ataque intentaron prender fuego a un segundo vehículo, propiedad del hermano de la víctima, pero vecinos intervinieron y evitaron su quema, según la agencia palestina Wafa.
En la gobernación de Belén, en Cisjordania, un grupo de colonos incendió otro vehículo en la aldea de Jabaa, al oeste de la ciudad. En ese mismo pueblo, informes locales relatan que anteriormente se registraron incendios en varias viviendas y vehículos.
Estos episodios forman parte de una tendencia de mayor frecuencia de ataques en Cisjordania, que ha provocado el abandono parcial o total de decenas de aldeas palestinas cercanas a colonias en expansión, según la ONG B’Tselem.
Organizaciones de derechos humanos y observadores denuncian una habitual inacción policial y judicial ante la violencia de colonos, que en muchos casos presenta rasgos de organización y recibe la permisividad de las autoridades israelíes.
Asimismo se señala que los colonos que se establecen en territorio ocupado pueden recibir subvenciones estatales y acceso a servicios como agua y alumbrado, según diversas denuncias.
La organización israelí Yesh Din apunta que una gran mayoría de las investigaciones policiales sobre violencia de colonos concluyen sin acusación y que solo una pequeña proporción de expedientes acaba en condenas totales o parciales.
Por su parte, la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios registró, durante una campaña de cosecha de aceituna, al menos 264 ataques contra palestinos, el peor registro mensual desde que se comenzaron a contabilizar estos incidentes.


