La creación por parte de Estados Unidos de una Junta Ejecutiva para supervisar el nuevo gobierno de Gaza tendrá impacto directo en la gobernanza del enclave y en la seguridad regional, además de repercusiones en la ayuda humanitaria y la reconstrucción.
La Junta Ejecutiva estará integrada, entre otros, por el ex primer ministro británico Tony Blair; el secretario de Estado Marco Rubio; el emisario de la Casa Blanca Steve Witkoff; y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump.
Completan la lista Marc Rowan, director de Apollo Global Management; Roberto Gabriel, asesor del presidente; y Ajay Banga, presidente del Banco Mundial.
Según la Casa Blanca, cada miembro asumirá carteras concretas orientadas al fortalecimiento de la capacidad de gobernanza, las relaciones regionales, la reconstrucción, la atracción de inversiones, la obtención de financiación a gran escala y la movilización de capital.
El alto representante para Gaza será el búlgaro Nickolay Mladenov, exministro de Exteriores de su país y coordinador especial de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Medio.
Jasper Jeffers, comandante de operaciones especiales del Ejército estadounidense, encabezará la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) de la ONU, encargada de garantizar la seguridad y la desmilitarización de Gaza según el plan anunciado por la Casa Blanca.
El anuncio ocurre en el marco del inicio de la segunda fase del plan de paz impulsado por la Administración, que contempla la formación de un gobierno de tecnócratas en la Franja y el desarme de Hamás.
Los nombramientos deberán ejecutar las medidas de la denominada Junta de la Paz, comisión presidida por el propio Trump que supervisa la aplicación del plan, y supervisarán al Comité Nacional para la Administración de Gaza, un gobierno de 15 miembros liderado por el ingeniero Ali Shaaz.
La primera fase del plan incluyó un alto el fuego, la liberación de rehenes y la entrada de ayuda humanitaria, aunque desde entonces se han producido centenares de víctimas palestinas por ataques israelíes. La segunda fase plantea que el nuevo gobierno esté formado por palestinos que no militen en Hamás, cuyo desarme es un requisito del plan.




