En Argentina se elevó a «alto» el nivel de seguridad, especialmente en objetivos sensibles como la comunidad judía y las representaciones diplomáticas, tras los ataques coordinados entre Israel y Estados Unidos contra Irán y la posterior respuesta iraní a bases estadounidenses y objetivos israelíes en Medio Oriente. El gobierno explicó que las medidas buscan proteger a la población y a las misiones extranjeras presentes en el país.
El ataque inicial fue descrito como coordinado entre Estados Unidos e Israel; horas después, Irán respondió con una serie de agresiones dirigidas a instalaciones militares estadounidenses en la región y a posiciones vinculadas a Israel. Las acciones han generado una oleada de reacciones diplomáticas y llamados a la contención.
Alemania, Francia y Reino Unido condenaron los ataques iraníes y pidieron que Teherán se abstenga de emprender acciones militares indiscriminadas, al tiempo que reiteraron su compromiso con la estabilidad regional y su deseo de reanudar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Los mandatarios de esos países subrayaron la importancia de proteger a la población civil.
El presidente del Gobierno de España rechazó la acción militar en Irán al considerar que contribuye a un orden internacional más incierto y hostil. En paralelo, el primer ministro canadiense expresó apoyo a la acción estadounidense con el argumento de impedir el acceso de Irán a armas nucleares y contener amenazas a la paz internacional.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió que las bombas y los misiles no resuelven las diferencias y solo provocan muerte, destrucción y sufrimiento, y subrayó que los civiles serán los principales afectados por esta escalada. Desde la ONU se reclamó mayor protección para la población y un regreso al diálogo.
El primer ministro libanés rechazó que su país sea arrastrado a aventuras que pongan en riesgo su seguridad y unidad, mientras que el ministro de Exteriores de Omán sostuvo que las negociaciones mediadas por su país se han visto socavadas y llamó a Estados Unidos a mantenerse alejado de este tipo de confrontaciones. Ambos llamamientos resaltan el temor a una regionalización del conflicto.
La primera ministra de Japón informó de medidas para evacuar ciudadanos y del establecimiento de una oficina de enlace para gestionar la información sobre la situación iraní, además de adoptar medidas de seguridad adicionales para quienes permanecen en la zona. Las autoridades japonesas justificaron las acciones como prevención frente a posibles incidentes.
El presidente de Ucrania valoró la acción como un paso para debilitar a quienes, según él, conspiran contra su país y defendió la necesidad de determinación internacional, matizando que es crucial garantizar la seguridad de la población. Desde Moscú, el Ministerio de Asuntos Exteriores advirtió que la acción podría arrastrar a Medio Oriente hacia una catástrofe humanitaria, económica y, en su hipótesis, radiológica.
Figuras políticas rusas criticaron la intervención y cuestionaron la estrategia de Estados Unidos y sus aliados, al tiempo que advirtieron sobre una posible carrera armamentista regional. En distintos países, las reacciones combinan llamamientos a la contención, críticas a la escalada y demandas para priorizar las vías diplomáticas.


