Apunte:
Los tiempos actuales, son diferentes a los que vivíamos hace 10 años en el país. Ya no estamos ante dificultades que, si crecían, con el uso de la astucia y el diálogo (áspero o fácil) lograban controlarse. Hoy, los argumentos y las razones ya no alcanzan.
El reclamo más común sobre los actuales gobiernos es que es imperante regresar a los escenarios que se vivieron antes de la llegada del populismo y radicalismo actuales, buscando con un pasado que ya no existe desde hace un buen rato. Estamos en un cambio de tiempo: la incertidumbre es la nueva regla en nuestra vida, en nuestro país.
La política de hoy es sencillamente sostener a una gran base social, con objetivos electoreros más que procedimientos para solucionar las dificultades estructurales de la sociedad. De las cuestiones presentes, la principal es sobre la duda que están generando los gobiernos en turno. Lo mismo en Estados Unidos, en Europa, en México o en América Latina. Ya entendamos que el mundo cambió, ya no hay regreso en un muy buen rato a las condiciones que vivimos en los 90´s, y en los primeros 15 años de los 2000, eso nos ayudará a decidir cómo actuar en los tiempos actuales.
En los tiempos actuales no se trata de buscar una perspectiva de país, o de liderazgos. La “ideología” hoy es irrelevante, de izquierda o de derecha, los resultados son los mismos, incertidumbre. Se trata de mantener y aumentar la base electoral, todo ellos con un discurso de supuesto corte social que reclamen sus resentimientos. Los populistas han reemplazado a los estadistas.
En esta realidad, cambiaron las prioridades de quienes tienen el poder. El estado de derecho, las normas claras, la formulación de políticas públicas juiciosas no son prioridad. Hoy la tarea de gobernar es más visceral que racional, con un enfoque de despedazar todo para cambiarlo, aunque resulte peor.
Este cambio no es circunstancial, ni empezó con Trump, o con AMLO en 2018. Esto viene de más atrás. De descuidos y excesos sostenidos durante muchos años antes, que fueron generando esta oleada populista.
Intentar regresar a un orden anterior es no solo poco realista sino poco importante. Los mercados parecen ya entender esta realidad. No así los actores de la oposición ni los conocidos analistas políticos y la opinocracia.
Hay que aprender cómo jugar las nuevas reglas, y con esas reglas acercarnos lo más posible a lo que llamábamos normalidad, entendiendo que ya es imposible regresar a lo que medianamente funcionó en esas épocas anteriores.
Gobiernos, empresarios, políticos y la sociedad social, debemos comprender el nuevo orden que se vive, aprender de los errores que le dieron sustento, y generar de forma creativa nuestro futuro. El tiempo no se detiene, el país y los mexicanos debemos adaptarnos a esta nueva realidad, si no lo hacemos, más se embrollará el rumbo.


