La degradación de baterías es un fenómeno esperado en dispositivos electroquímicos y tiene efectos directos sobre la autonomía y el coste de operación de vehículos eléctricos (VE). Un estudio de campo realizado por Recurrent Auto evaluó el comportamiento real de baterías de VE mediante monitorización continua de parámetros como estado de carga (SoC), eventos de recarga, kilometraje y autonomía real en condiciones de uso diario.
La metodología combinó el seguimiento detallado de al menos un vehículo con un muestreo más amplio de aproximadamente 1,000 unidades matriculadas entre 2012 y 2023. Los análisis se basaron en autonomías medidas en uso real, no en cifras homologadas, y en registros acumulados que incluyen vehículos con más de 240,000 km recorridos.
Resultados principales: la mayoría de los vehículos conservan una parte importante de su autonomía más allá de lo que suele esperarse. Incluso coches con >240,000 km evidencian una resistencia significativa. Además, la tasa observada de reemplazo de baterías en vehículos modernos es muy baja (alrededor de 0.3%), lo que sugiere que las preocupaciones generalizadas sobre fallos prematuros de pack no se corresponden con los datos de campo.
Mecanismos de degradación: la pérdida de capacidad se explica principalmente por la pérdida de material activo y el incremento de la resistencia interna del cátodo/anodo y electrolito. Estos procesos son acelerados por:
– ciclos de carga/descarga frecuentes,
– elevadas temperaturas de operación,
– uso continuado de cargas rápidas en DC,
– mantener SoC en niveles extremos (muy alto o muy bajo).
La degradación es no lineal: suele ser más pronunciada en las fases iniciales de vida útil y tender a estabilizarse con el tiempo. Las mejoras en formulaciones químicas y en gestión electrónica (BMS) han aumentado la durabilidad, pero no eliminan el envejecimiento.
Impacto práctico: para usuarios y flotas, la evidencia implica menor riesgo económico por sustitución de baterías y mayor previsibilidad en la autonomía a largo plazo. Para fabricantes y gestores de infraestructuras, los datos reales permiten calibrar garantías, estrategias de mantenimiento predictivo y criterios para reutilización o reciclaje al final de vida.
Recomendaciones técnicas derivadas del estudio: priorizar estrategias de gestión térmica, limitar el uso habitual de carga rápida cuando no es necesario, evitar mantener SoC constantemente en extremos y emplear sistemas de monitorización continua para detectar tendencias de degradación y optimizar políticas de recarga.
En conjunto, los datos de campo indican que, si bien la degradación es inevitable, su ritmo y su impacto operativo son menores de lo que percibe la mayoría, siempre que se apliquen buenas prácticas de carga y gestión térmica.


