Canadá autorizó la importación de 49,000 vehículos eléctricos fabricados en China, una medida que representa aproximadamente el 3% del mercado de autos del país y que incluye una reducción arancelaria significativa: de gravámenes previos del 100% a un nivel aproximado del 6.1%. El ajuste permite que esos modelos entren al mercado canadiense con precios promedio en torno a 35,000 dólares canadienses, lo que aumenta su competitividad frente a ofertas locales y de Estados Unidos.
La decisión ya provocó tensiones geopolíticas y comerciales. En Washington se ha respondido con retórica proteccionista y amenazas de imponer aranceles punitivos a productos canadienses. En el plano industrial, la dirección de fabricantes establecidos advirtió sobre riesgos para la base productiva regional, el empleo y la sostenibilidad de cadenas de suministro locales.
El caso presenta además una paradoja corporativa: la dirección ejecutiva de General Motors expresó preocupación por la apertura canadiense hacia vehículos chinos, mientras que las operaciones comerciales del grupo muestran una elevada dependencia de unidades fabricadas en China para el mercado mexicano. En 2025 GM vendió 198,153 vehículos en México; de ese total, 149,731 unidades provinieron de modelos fabricados en China, y once de los treinta modelos de Chevrolet comercializados allí son de origen chino. Estas cifras indican que más de la mitad del volumen de ventas del fabricante en México depende de productos importados desde China.
Impacto técnico y económico:
– Competitividad de precios: la reducción arancelaria y los menores costos de fabricación en China pueden desplazar a modelos regionales menos eficientes en costo, presionando márgenes y volúmenes de venta de ensambladores locales.
– Cadenas de suministro: un incremento de importaciones chinas puede provocar reconfiguraciones en proveedores de componentes, logística y servicios posventa, con efectos sobre contenidos locales y empleo indirecto.
– Riesgo regulatorio: la medida eleva la probabilidad de represalias comerciales y cambios en aranceles, creando incertidumbre para la planificación de inversiones industriales y estrategias de sourcing.
– Adopción de movilidad eléctrica: precios más bajos pueden acelerar la penetración de EVs entre consumidores, contribuyendo a objetivos de descarbonización pero dificultando la transición justa de empleos en la fabricación tradicional.
En resumen, la apertura canadiense favorece la oferta asequible de EVs para consumidores, pero plantea tensiones en la industria automotriz norteamericana y en las cadenas de valor regionales. El resultado dependerá de respuestas políticas (aranceles y normas de contenido), ajustes estratégicos de los fabricantes y capacidad de la industria local para mejorar competitividad y contenidos nacionales en vehículos eléctricos.


