En Irán, el gobierno aseguró ante el Consejo de Seguridad de la ONU que los ataques de Estados Unidos e Israel constituyen «un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad» por la muerte de civiles, incluidos cientos de niños, lo que ha generado una grave escalada de tensión en el país.
Medios estatales, citando a la Media Luna Roja, informaron que al menos 201 personas habrían muerto y más de 700 resultado heridas en los bombardeos, cifras que por ahora provienen de fuentes oficiales iraníes.
Irán respondió lanzando misiles y drones contra objetivos en Israel y contra bases militares estadounidenses en la región, y los intercambios de fuego continuaron hasta la noche, según informaciones difundidas por medios locales.
Los primeros ataques parecían dirigidos a las inmediaciones de las oficinas del líder supremo, el ayatolá Jamenei; la prensa iraní reportó incidentes en varias ciudades y en la capital se observaron columnas de humo, aunque no quedó claro si el ayatolá se encontraba en sus oficinas.
El primer ministro israelí declaró en un discurso televisado que los ataques habían tenido como objetivo el complejo de Jamenei y afirmó que «hay señales crecientes de que el tirano ya no está vivo», declaraciones que fueron difundidas por la cadena oficial israelí.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores dijo en una entrevista que Jamenei y el presidente Masoud Pezeshkian están vivos «hasta donde yo sé» y calificó el ataque de «no provocado, ilegal y absolutamente ilegítimo».
En un vídeo divulgado por la cadena de apoyo, el expresidente Donald Trump afirmó a los iraníes que «cuando terminemos, tomamos el control de vuestro gobierno» y sugirió que esa sería una oportunidad única para cambiar el liderazgo.
El primer ministro israelí hizo eco de ese llamamiento y pidió que «el valiente pueblo iraní tome las riendas de su destino», en sintonía con la retórica de cambio difundida por funcionarios occidentales.
Los ataques, que se produjeron durante el mes sagrado del Ramadán, marcan una nueva fase en la intervención estadounidense en Irán y constituyen la segunda acción militar directa del gobierno de Estados Unidos contra la República Islámica en ocho meses en el contexto de conversaciones sobre su programa nuclear.
Unas semanas antes, se informó que una operación militar estadounidense había capturado al entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, un hecho que algunos observadores relacionan con la escalada regional de operaciones extraterritoriales.
Funcionarios estadounidenses y otras fuentes consultadas señalaron que los objetivos incluían a miembros del liderazgo iraní; no hubo, por el momento, información independiente e inmediata sobre si altos cargos murieron en los ataques.
Analistas advierten que incluso si fallecieran líderes de alto rango, un cambio de régimen no estaría garantizado, y las autoridades de Estados Unidos e Israel no han presentado una propuesta clara sobre cómo sería una eventual transición del poder.


