En el cruce fronterizo con Irán en la provincia de Van, en Turquía, no se ha registrado una gran afluencia de iraníes en busca de asilo, aunque muchas personas realizan incursiones cortas para sortear los cortes de comunicación que afectan a su país.
El servicio de internet fue bloqueado en Irán desde el inicio de las protestas y la represión gubernamental, aunque testigos señalaron que en algunos lugares se produjo un acceso muy limitado y temporal a mensajes y servicios en línea.
Pese a que las manifestaciones han disminuido en muchos puntos y reina una tensa calma en gran parte del territorio iraní, los cortes de comunicaciones siguen dificultando la vida diaria y el trabajo de quienes dependen de la red.
Ciudadanos iraníes pueden entrar a Turquía sin visado, por lo que quienes viven en el norte o tienen medios para viajar han optado por breves desplazamientos transfronterizos para acceder a internet y resolver asuntos laborales o personales.
Algunos viajeros explicaron que han financiado esas salidas vendiendo productos como cigarrillos y té, más baratos en Irán y con mayor precio en Turquía.
Sami Ranjbar, que se dedica al comercio electrónico, dijo que se quedó en Van varios días para ponerse al día con su negocio y que necesita acceso a internet para trabajar; luego regresó a Irán para seguir la evolución de la situación.
Otro viajero identificado como Ali comentó que permaneció cuatro días en Turquía con su hermano, que necesitaba usar internet para tramitar solicitudes universitarias, y que muchos amigos han sido arrestados o incluso asesinados durante las protestas.
La represión de las manifestaciones, iniciadas ante la situación económica, ha dejado miles de muertos, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos.
Ali expresó sentimientos encontrados sobre el momento político e indicó que no apoya ni al gobierno ni a las alternativas disponibles, además de mostrar preocupación por posibles enfrentamientos internacionales.
Residentes del noreste iraní, en las inmediaciones del paso fronterizo, afirmaron que la vida ha vuelto casi a la normalidad tras algunos disturbios; la zona es conservadora y tiene una importante población de turcos y azeríes étnicos.
Varios viajeros del norte relativizaron las protestas de Teherán y coincidieron con la narrativa oficial que atribuye los disturbios a injerencias extranjeras, mientras otros defendieron la prioridad de la estabilidad nacional frente a la agitación política.
También se mencionó el rechazo de muchas comunidades turcas y azeríes iraníes al príncipe heredero exiliado Reza Pahlavi, y se recordaron represión y tensiones históricas; algunos viajeros expresaron la preferencia por la estabilidad actual ante el temor de una fragmentación del país.



