En Uganda, el presidente Yoweri Museveni fue declarado ganador de un nuevo mandato con el 71,65% de los votos, según los resultados oficiales, en unas elecciones que afectaron directamente la vida pública por el bloqueo de Internet y las denuncias de fraude de su principal rival. La incertidumbre electoral y el llamado a protestas pacíficas generaron movilización y tensión en varias zonas urbanas.
El candidato opositor Kyagulanyi Ssentamu, conocido como Bobi Wine, obtuvo el 24,72% de los votos y rechazó los resultados, calificando el proceso de injusto y pidiendo manifestaciones pacíficas hasta que se anuncien “resultados legítimos”. Denunció además el secuestro de agentes electorales de su formación.
Wine relató que debió escapar para evitar su detención tras una irrupción de las fuerzas de seguridad en su domicilio; su partido afirmó que fue trasladado a la fuerza en un helicóptero militar, versión que la policía negó. El portavoz policial indicó que el opositor no estaba arrestado, aunque se controló el acceso a la vivienda para evitar que se utilizara para incitar a la violencia.
Las autoridades electorales afrontaron cuestionamientos por la falla de las máquinas de identificación biométrica, que provocó retrasos en el inicio de la votación en áreas urbanas, incluida la capital Kampala, bastión de la oposición. Tras los fallos, los funcionarios recurrieron a registros manuales de votación, un cambio que los activistas prodemocracia temían podría facilitar el fraude.
La falla de las máquinas es señalada como posible fundamento para impugnaciones legales al resultado oficial. El presidente dijo aceptar el regreso a los registros en papel tras el fallo, mientras que Wine reiteró acusaciones de “relleno masivo de urnas” y afirmó que agentes de su partido fueron secuestrados para favorecer al partido gobernante.
El jefe de la misión de observadores de la Unión Africana afirmó que la misión no encontró evidencia de relleno de urnas en los centros de votación observados, pero recomendó a la comisión electoral probar las máquinas biométricas con anticipación para evitar fallos y retrasos en futuros procesos.
Museveni, de 81 años, ha permanecido en el poder durante décadas y promovido cambios a las normas que permitieron la eliminación de los límites de mandato y de edad; varios posibles rivales han sido encarcelados o marginados, y el presidente no ha anunciado una fecha de retirada. Analistas locales señalan que la oposición está debilitada y fragmentada frente a su partido.
Un académico señaló que Museveni ha reducido la capacidad de la oposición para competir de manera efectiva y que la actual contienda representó un desafío con escasas opciones reales para el sector opositor. Durante la campaña, las fuerzas de seguridad mantuvieron una presencia constante; el opositor denunció seguimientos, acoso a sus simpatizantes y uso de gases lacrimógenos.
Por motivos de seguridad, Wine hizo campaña con chaleco antibalas y casco. Uganda no registra una transición presidencial pacífica desde su independencia, y veteranos opositores siguen encarcelados tras ser acusados de delitos graves en procesos que sus partidarios consideran políticos.



