El papa León advirtió que los abusos clericales han erosionado la confianza en la Iglesia y urgió una formación sacerdotal más humana y profundamente espiritual.
En una carta dirigida a los sacerdotes, el pontífice subraya la necesidad de una formación integral que garantice la madurez humana y una sólida vida espiritual en quienes se preparan para el presbiterado.
El documento reclama que el seminario sea «una escuela de los afectos» donde se aprenda a amar con el estilo de Jesús, formando candidatos capaces de relaciones auténticas y sanas.
Solo presbíteros humana y espiritualmente maduros podrán asumir con credibilidad el compromiso del celibato y anunciar el Evangelio del Resucitado, escribe el pontífice.
También pide huir del personalismo y de la celebración de uno mismo, especialmente frente a la exposición pública que a veces conlleva el ministerio.
Recomienda prudencia en el uso de la prensa y las redes sociales, recordando que no todo lo permitido es conveniente y que el criterio debe ser siempre el servicio a la evangelización.
Aporta además el testimonio de Robert Prevost: los presbíteros están llamados a una vida sobria y casta que responda al anhelo contemporáneo de relaciones auténticas y fortalezca los lazos de fraternidad en la sociedad.



