El Louvre reforzó la fachada que da al Sena tras un espectacular robo en el que un comando sustrajo ocho joyas accediendo desde la orilla con un montacargas.
La institución instaló una reja de seguridad en la ventana por la que se produjo el asalto, una intervención dirigida a blindar el acceso a la Galería de Apolo.
La reja había sido retirada en reformas anteriores y no se había vuelto a colocar hasta ahora; la dirección anunció que la obra se completó recientemente.
La medida forma parte de una respuesta inmediata para evitar que se repitan accesos desde el Quai que dan al río.
Esta intervención se integra en un plan director de seguridad impulsado por la dirección anterior, cuyo despliegue no será inmediato.
Las autoridades del museo reconocen que las acciones de refuerzo requieren más medidas estructurales y operativas.
Además de la reja, el museo ha reforzado la presencia policial móvil frente a la entrada y anuncia la instalación de cien cámaras perimétricas suplementarias en los próximos meses.
La dirección presenta estas medidas como parte de una transformación más amplia de su arquitectura y seguridad.
La investigación administrativa sobre el robo concluyó que agentes de seguridad privada o la Policía podrían haber impedido la fuga en apenas unos segundos.
El informe apunta a una cadena de fragilidades: instalaciones envejecidas, subestimación crónica del riesgo de robo y falta de coordinación operativa.
El Louvre sostiene que ha aprendido la lección y que seguirá reforzando sus sistemas y procedimientos para proteger su patrimonio.



