En Rusia se calcula que en los próximos siete años harán falta 12,2 millones de trabajadores, una necesidad que, según el presidente, plantea presión sobre el mercado laboral y obliga a revisar las políticas de formación y empleo a nivel nacional.
El mandatario expuso esa cifra en una reunión del Consejo de Estado en el Kremlin y señaló que el desempleo oficial ronda el 2,2%, aunque existe un déficit de trabajadores que en Moscú se aproxima al medio millón.
Las autoridades han endurecido en los últimos años las políticas migratorias, lo que, según su diagnóstico, ha reducido el flujo de trabajadores procedentes del espacio postsoviético y acentuado los desequilibrios laborales.
Para corregirlos, llamó a poner en marcha un programa a gran escala de formación de cuadros, con especial atención a especialistas en inteligencia artificial, e introducir la IA en todas las esferas de la economía y del territorio.
El presidente afirmó que los próximos 10 o 15 años serán de profundas transformaciones tecnológicas y de un acelerado desarrollo de la inteligencia artificial, que calificó como un salto tecnológico sin precedentes.
Reconoció que la IA sustituirá parte de la mano de obra existente, pero sostuvo que también generará nuevos empleos, por lo que consideró necesario cambiar de forma sistémica los programas de capacitación.
En su intervención resaltó la importancia estratégica de la inteligencia artificial para la soberanía tecnológica de Rusia, pese a que, según es conocido, mantiene un perfil personal escasamente digital.
Asimismo anunció inversiones en centros de procesamiento de datos vinculados a centrales nucleares y, según la prensa rusa, señaló que su hija menor dirige actualmente el Instituto de Inteligencia Artificial en la universidad estatal de Moscú.



