El museo más visitado del mundo abrió sus puertas con tres horas de retraso, un hecho que afectó a visitantes y actividades locales, mientras varias salas permanecían cerradas por una huelga del personal. La medida de fuerza alteró la reapertura y obligó a ajustar la programación habitual del centro.
El personal se reunió a primera hora para decidir si reanudaba la protesta continua en demanda de mejores condiciones salariales y laborales. La movilización había sido momentáneamente suspendida durante el periodo vacacional, pero persisten las tensiones internas.
El Louvre sigue además marcado por un robo de joyas ocurrido meses atrás, en el que se sustrajeron piezas valoradas en 102 millones de dólares y que aún no han sido recuperadas. Ese atraco obligó a revisar protocolos y ha generado inquietud entre el público y las autoridades culturales.
También se han reportado problemas de infraestructura, como una fuga de agua que dañó libros antiguos, lo que puso de relieve el deterioro de algunas instalaciones del museo. Estos incidentes han reavivado el debate sobre el mantenimiento y la protección de las colecciones.
Los sindicatos afirman que la plantilla está sobrecargada y mal gestionada; reclaman más contrataciones, aumentos salariales y una gestión más transparente del presupuesto. Exigen además un uso más eficaz de los recursos para garantizar la seguridad y la conservación del patrimonio.
Como respuesta al robo, se reforzaron las medidas de seguridad en el edificio y en otros museos se revisaron protocolos similares; en el propio Louvre se instalaron refuerzos en la ventana por la que escaparon los ladrones. Las autoridades y la dirección del museo enfrentan así el reto de restaurar la confianza del público.


