La reciente revelación sobre un supuesto operativo encubierto de la CIA en México ha suscitado preocupación en la población local. Este operativo, relacionado con la muerte de un miembro del Cártel de Sinaloa, reabre el debate sobre la presencia de inteligencia estadounidense en el país.
Según un informe de CNN, la explosión que resultó en la muerte de Francisco Efraín Beltrán fue un «asesinato selectivo facilitado» por dicha inteligencia. Sin embargo, tanto el gobierno mexicano como la CIA desmintieron esta versión.
El secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, rechazó de manera contundente la información, afirmando que las operaciones son exclusivas de las autoridades mexicanas. La presidenta Claudia Sheinbaum también se pronunció, calificando la noticia de «absolutamente falsa» y criticando informaciones adicionales que insinuaban una colaboración con la CIA.
La portavoz de la CIA, Liz Lyons, también negó las afirmaciones, indicando que eran parte de una «campaña de relaciones públicas» de los cárteles que ponía en riesgo a los estadounidenses.
A pesar de los desmentidos, esta situación reaviva la inquietud sobre la cooperación entre México y Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, un tema que ha generado tensiones bilaterales.
Carlos Pérez Ricart, investigador del CIDE, señala que más allá de la veracidad de la noticia, lo significativo es que se haya filtrado, lo que podría enmarcarse en una estrategia de presión de la administración estadounidense hacia México.
El analista en seguridad David Saucedo sostiene que la implicación de la CIA en operaciones en México es «evidente» y sugiere que el gobierno mexicano podría estar al tanto de estas actividades, a pesar de las negaciones oficiales. Esta controversia se suma a otra situación reciente, en la que se investiga la presencia de agentes estadounidenses en un operativo antidrogas en Chihuahua.







