La impaciencia es un rasgo común en situaciones cotidianas, como esperar en un restaurante o para un taxi. En el entorno laboral, la puntualidad es especialmente importante, y el respeto por el tiempo ajeno se considera fundamental. Steve Jobs, cofundador de Apple, es un ejemplo notorio de esta filosofía, evidenciando un enfoque riguroso hacia la puntualidad durante su gestión.
Jobs implementaba una política estricta en sus reuniones, comenzando puntualmente sin esperar a quienes llegaban tarde. Sin embargo, en ocasiones, respondía a estas situaciones de manera inesperada. Un episodio relevante ocurrió cuando su secretaria llegó tarde. En lugar de reprenderla, simplemente le preguntó sobre el motivo de su demora y mostró comprensión ante su explicación sobre problemas con su coche.
Posteriormente, Jobs le entregó las llaves de un Jaguar, proveyéndole un medio de transporte que asegurara su puntualidad. Este gesto no solo resolvía un problema logístico, sino que reflejaba una solución pragmática destinada a mejorar la gestión del tiempo de su secretaria, contribuyendo a su puntualidad.
Este enfoque revela una faceta importante del estilo de liderazgo de Jobs. Ron Givens, exdirector de calidad de Apple, le atribuye la capacidad de motivar a su equipo a través de medidas de apoyo inesperadas. Jobs entendía que la motivación iba más allá de las exigencias profesionales, enfocándose en fomentar un ambiente donde la creatividad pudiera prosperar.
Además, Jobs iniciaba sus reuniones con la pregunta: “¿Qué les preocupa?”. Esta estrategia no solo era una formalidad, sino un mecanismo para permitir que los empleados expresaran inquietudes y así despejar el terreno para el proceso de innovación.
En resumen, la visión de Jobs sobre la gestión implica una combinación de rigor y pragmatismo. Su habilidad para establecer reglas claras mientras ofrecía soluciones creativas permitió crear un ambiente de trabajo en el que la creatividad y la innovación florecieran.







