La comunidad católica local siguió con atención el mensaje navideño del papa León XIV, en el que reclamó justicia y paz para diversos conflictos internacionales y apeló al diálogo como vía para resolverlos. El llamamiento se pronunció desde el balcón de la basílica de San Pedro, antes de la bendición ‘Urbi et Orbi’.
Asomado a la fachada, el pontífice instó a cada persona a rechazar el odio y la violencia, y a practicar el diálogo, la paz y la reconciliación. Sus palabras se dirigieron a los fieles reunidos en la plaza, muchos de ellos pese a la lluvia.
El papa envió un saludo especial a los cristianos del Medio Oriente y recordó su reciente viaje a Líbano, señalando el temor y sentimiento de impotencia de quienes viven en la región. Pidió justicia, paz y estabilidad para Líbano, Palestina, Israel y Siria.
También exhortó a rezar por Ucrania para que cese el estruendo de las armas y las partes implicadas encuentren, con apoyo internacional, el valor para dialogar de manera sincera, directa y respetuosa. Encomendó además “al Príncipe de la Paz” a todo el continente europeo, para que se mantenga un espíritu comunitario y solidario.
El pontífice imploró paz y consuelo para las víctimas de guerras olvidadas y mencionó países como Sudán, Sudán del Sur, Malí, Burkina Faso y la República Democrática del Congo. Asimismo pidió el cese de la violencia en Haití y que la nación avance hacia la reconciliación.
Dirigió un llamado a los responsables políticos de América Latina para que favorezcan el diálogo por el bien común y eviten exclusiones ideológicas y partidistas. También aludió a la situación en Birmania y a la necesidad de restablecer la amistad entre Tailandia y Camboya, además de lamentar las recientes catástrofes naturales en el sur de Asia y Oceanía.
En su mensaje, el papa recordó a quienes sufren pobreza y desplazamiento, citando a habitantes de Gaza, al pueblo yemení, y a numerosos refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo y recorren América. Mencionó también a quienes han perdido el empleo, a jóvenes con dificultades para encontrar trabajo, a trabajadores mal pagados y a personas privadas de libertad en condiciones a menudo inhumanas.
El pontífice concluyó diciendo que el nacimiento de Jesús es el nacimiento de la paz y deseó a todos una Navidad serena. Incluyó además una poesía del escritor israelí Yehuda Amichai, “Paz Silvestre”, para ilustrar la idea de una paz que surge del cansancio y la necesidad, como flores silvestres.



