El Gobierno de México ha introducido un notable cambio en su nuevo Paquete Económico 2026, que afecta directamente a las bebidas sin azúcar, comúnmente conocidas como «light». A partir de ahora, estas bebidas estarán sujetas a un impuesto de 3.08 pesos por litro, independientemente de su contenido calórico.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha propuesto la modificación de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, lo que implica que, por primera vez, las versiones «cero» o «diet» enfrentarán una carga fiscal, pasando de estar exentas a pagar el mencionado impuesto. En comparación, las bebidas azucaradas verán un aumento en el impuesto de 1.64 a 3.08 pesos por litro. Esta medida tiene como objetivo desincentivar el consumo de bebidas endulzadas y cuidar la salud pública, en vista de que el uso de edulcorantes se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad y diabetes tipo 2.
Desde la industria, la reacción ha sido inmediata. Organizaciones como la Confederación de Cámaras Industriales y la Cámara Nacional de la Industria de Transformación han expresado que el nuevo impuesto desincentiva la innovación y podría tener efectos socioeconómicos negativos, especialmente para las familias de menores ingresos. Se ha alertado sobre el potencial impacto negativo en precios de productos y empleos, con algunas estimaciones apuntando a un aumento de hasta 190% en los costos de ciertos productos.
El Gobierno, por su parte, ha defendido la medida argumentando que su objetivo es mejorar la salud de la población y no recaudar fondos. Se estima que su implementación podría reducir el consumo de estas bebidas en un 7% durante los próximos dos años, con ingresos proyectados en 41,000 millones de pesos destinados al sistema de salud.
Sin embargo, el debate sobre la eficacia de impuestos similares no es nuevo. Desde la implementación de un impuesto a las bebidas azucaradas en 2014, México ha visto una diminución en las compras, y estudios de países como Estados Unidos y Reino Unido también respaldan la reducción del consumo tras la implementación de impuestos.
La industria de bebidas ha continuado argumentando que estos nuevos tributos no resolverán los problemas de salud y que podrían generar un aumento en los costos sociales y laborales. Además, se están considerando cambios en el tratamiento fiscal de productos como los electrolitos orales, que podrían resultar en un incremento significativo en su precio.
Investigaciones recientes han relacionado el consumo excesivo de bebidas endulzadas, tanto azucaradas como con edulcorantes, con un mayor riesgo de mortalidad general y enfermedades cardiovasculares, resaltando la importancia de revisar estos hábitos de consumo para mejorar los índices de salud pública.







