El fallecimiento del líder supremo iraní tiene repercusiones que se perciben a nivel local por su impacto potencial en los precios del petróleo, la estabilidad regional y la comunidad iraní residente en México. Autoridades y mercados podrían verse afectados por cambios en la seguridad internacional y en el suministro energético que derivan de la crisis.
La televisión estatal iraní y la Casa Blanca confirmaron la muerte tras una serie de bombardeos atribuida a fuerzas de Estados Unidos e Israel. La Guardia Revolucionaria calificó el fallecimiento como un martirio y denunció a quienes lo atacaron como “terroristas y exterminadores”.
Como guía espiritual y comandante supremo, ejercía autoridad sobre las Fuerzas Armadas y sobre instituciones clave del Estado iraní, lo que le permitía influir de forma decisiva en la política nacional. Sus seguidores ocupaban puestos centrales en el Poder Judicial y en el Parlamento, consolidando su papel como figura central del régimen.
En un contexto de tensión creciente, había designado recientemente a varios dirigentes como posibles administradores para garantizar la continuidad del liderazgo. Entre esos nombres figuraba el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, lo que refleja preocupaciones internas sobre la sucesión.
Su trayectoria pública comenzó en el seno de una familia religiosa en Mashad, con formación teológica en centros chiíes y actividad política contra la monarquía hasta su encarcelamiento repetido por la policía del régimen anterior. Tras la revolución, desempeñó cargos en órganos clave del nuevo Estado y se consolidó como una de las principales autoridades religiosas y políticas del país.
Designado sucesor del fundador de la República Islámica, equilibró durante décadas las distintas facciones internas para evitar la concentración excesiva de poder en un solo sector. Inicialmente se le consideró cercano a posiciones moderadas y partidario de aliviar el aislamiento internacional.
Su mandato también estuvo marcado por episodios de represión y enfrentamientos con movimientos sociales. Criticó las protestas que siguieron a la muerte en comisaría de la joven Masha Amini tras su detención por la policía de la moral, y la respuesta policial a esas movilizaciones dejó centenares de muertos según organizaciones de derechos humanos.
El deterioro de las relaciones con Israel y Estados Unidos se acentuó con una campaña de ataques contra instalaciones nucleares iraníes y asesinatos selectivos de altos cargos y científicos, en un intento declarado de frenar un eventual programa armamentístico. Ante esos ataques, Jameneí prometió una respuesta dura contra quienes consideraba responsables.
Analistas señalaban que en los últimos tiempos se le vio menos en público y que podría haberse refugiado en instalaciones subterráneas por motivos de seguridad. Su última aparición pública ocurrió poco antes de una festividad religiosa importante, según imágenes difundidas por medios oficiales.
Los bombardeos que causaron su muerte comenzaron a primera hora y afectaron a objetivos en Teherán y en otras ciudades del país. En reacción, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció el lanzamiento inminente de una operación militar que definió como la mayor en la historia de las Fuerzas Armadas iraníes contra Israel y Estados Unidos.


