En las calles de Irán, la quema de fotografías del ayatolá Ali Khamenei se ha transformado en un símbolo de la defensa de los derechos de las mujeres en las protestas de las últimas semanas, que han dejado más de 600 muertos. Estas acciones han tomado presencia en barrios y plazas, afectando la vida pública y generando reacciones dentro y fuera del país.
Las movilizaciones se originaron por el aumento de la inflación y derivaron rápidamente en protestas políticas en las que los manifestantes exigen el fin del gobierno clerical. Los reclamos incluyen cambios estructurales en el modo de gobernar y demandas económicas y sociales.
Imágenes de las protestas y de actos simbólicos se han difundido ampliamente en redes sociales y han sido replicadas en manifestaciones en otros países. Usuarios y activistas en el exterior han publicado fotografías y videos que han viralizado los gestos de protesta.
Una usuaria identificada como Morticia Addams publicó en redes sociales una imagen en la que prende fuego a la fotografía del ayatolá con un cigarro en la mano. Ella afirma vivir en Canadá y dijo haber recibido mensajes con amenazas por ese acto, responsabilizando a la República Islámica de cualquier daño hacia ella o su familia.
El gesto de quemar imágenes ha sido repetido por otras mujeres que comparten fotografías en redes sociales y por quienes participan en concentraciones en ciudades como Londres y en Francia. En la capital británica, manifestantes encendieron fotografías del ayatolá en las inmediaciones de la embajada iraní.
Las mujeres participantes reclaman el fin de la obligatoriedad del uso del hiyab, la desaparición del control ejercido por la llamada policía «moral» y la consecución de igualdad de condiciones. Esos reclamos forman parte de un paquete de demandas que combinan derechos civiles, libertades individuales y reivindicaciones socioeconómicas.
A lo largo de décadas, la República Islámica ha vivido repetidos episodios de agitación nacional, desde protestas estudiantiles hasta movilizaciones masivas por resultados electorales y por dificultades económicas. El movimiento que se expandió tras la muerte de Mahsa Amini movilizó a amplios sectores de la sociedad y dio lugar a una contestación sostenida.
Esas protestas fueron reprimidas con centenares de muertos y miles de detenciones, aunque en ocasiones las autoridades introdujeron cambios o flexibilizaciones posteriores. En el escenario actual, las mujeres desafían de manera sistemática los códigos de vestimenta pública como forma de protesta y reivindicación.


