La posible aprobación por parte del presidente de Estados Unidos de un plan de paz negociado entre Washington y Kiev tiene repercusiones para audiencias locales, dado su impacto en la estabilidad internacional y en factores que pueden influir en la economía y en movimientos migratorios que afectan a México y a Michoacán. El mandatario estadounidense advirtió que el acuerdo no avanzará sin su visto bueno.
El presidente norteamericano afirmó en una conversación con un medio que el líder ucraniano no tiene nada cerrado hasta que él lo apruebe. La posición subraya el peso de la Casa Blanca en las negociaciones que buscan poner fin al conflicto.
Está prevista una reunión entre ambos líderes en la residencia privada de Mar-a-Lago, donde están programadas las conversaciones sobre el plan en elaboración entre Kiev y Washington. La cita busca avanzar en los términos que permitirían una salida negociada al enfrentamiento.
El presidente estadounidense expresó confianza en que el encuentro será productivo y señaló que el resultado podría beneficiar también al presidente ruso, al que espera contactar próximamente. Las declaraciones apuntan a la intención de mantener canales diplomáticos abiertos con las partes implicadas.
Antes de la reunión, el presidente ucraniano conversó con emisarios estadounidenses para revisar «nuevas ideas» sobre formatos, reuniones y la hoja de ruta de las conversaciones de paz. Esos contactos forman parte de la coordinación entre Kiev y Washington sobre el contenido del acuerdo.
El denominado plan de paz de 20 puntos, que según Ucrania está casi concluido y que Moscú ha rechazado, incluye propuestas como un pacto de no agresión y garantías de seguridad estadounidenses para Ucrania de carácter similar al de la OTAN. Esos puntos buscan ofrecer un marco de seguridad que sustituya, temporalmente o de forma alternativa, a la membresía en alianzas militares.
En materia territorial, Kiev propone dos opciones: congelar la línea de frente actual o establecer una zona desmilitarizada en partes de Donetsk todavía controladas por Ucrania y reclamadas por Rusia. Además, sigue sin resolverse la gestión de la central nuclear de Zaporiyia, actualmente bajo control ruso.



