La reciente propuesta de la normativa europea que busca prohibir la venta de vehículos que emitan dióxido de carbono a partir de 2035 ha generado preocupación en sectores ambientalistas. Un análisis de una organización no gubernamental advierte que la introducción de un vacío legal en esta legislación podría dar lugar a un aumento significativo en la demanda de biocarburantes derivados de residuos, como grasas animales y aceite de cocina usado, lo que traería consigo riesgos de fraude y problemas de sostenibilidad.
El informe señala que permitir la venta de vehículos de combustión que utilicen biocarburantes podría resultar en un consumo de entre dos y nueve veces más de estos combustibles avanzados de lo que Europa podría producir de manera sostenible hacia 2050. Como ejemplo, un automóvil que funcione con grasas animales podría requerir anualmente el equivalente a 120 cerdos, mientras que uno que utilice aceite de cocina usado necesitaría 25 kilos de papas fritas diariamente.
Actualmente, los vehículos en Europa ya consumen aproximadamente 1.3 millones de toneladas de grasas animales al año, lo que equivaldría al sacrificio de alrededor de 200 millones de cerdos. La capacidad de producción de biocarburantes avanzados se ve limitada, ya que más del 80% del aceite de cocina usado que se consume en Europa se importa, principalmente de países como China y Malasia. En el caso de España, se indica que el 60% de su abastecimiento interno proviene de estas importaciones, con cifras similares en otros países europeos como Francia, Alemania e Italia.
El informe también resalta la preocupación por el riesgo de fraudes relacionados con la importación de aceite de cocina usado. Se han documentado casos en varios países europeos en los que aceite de palma virgen ha sido reetiquetado como aceite de cocina usado, dado que ambos se transportan en cisternas similares y su certificación se basa principalmente en la documentación.
El análisis concluye que el crecimiento en la importación de estos productos podría aumentar el riesgo de que aceites vírgenes sean declarados fraudulentamente como residuos. En 2023, se registró que Europa importó hasta tres veces más aceite de cocina usado de Malasia del que es posible recolectar en ese país, así como una cantidad de efluente de molino de palma mayor a la registrada en los países productores.
La ONG cuestiona la lógica detrás del apoyo a los biocarburantes, argumentando que el consumo de cerdo y frituras en Europa no sería suficiente para abastecer ni una pequeña parte de la industria automovilística. Además, advierte que abrir la puerta a los biocombustibles en la legislación podría ser una estrategia que retrase la transición hacia un mercado de vehículos eléctricos, dejando a Europa en una desventaja significativa.
El informe se presenta como un contrapunto a las demandas de la industria automovilística alemana y otras entidades que han solicitado a la Comisión Europea que clasifique a los vehículos que utilicen biocarburantes como de cero emisiones a partir de 2035.




