La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles reportó un avance generalizado de los vehículos electrificados en 2025, con crecimiento en las ventas de vehículos eléctricos de batería (BEV), híbridos convencionales (HEV) e híbridos enchufables (PHEV), mientras que la demanda de turismos de gasolina y diésel retrocedió.
En diciembre de 2025 los BEV alcanzaron una cuota del 22,6% del mercado y los coches de gasolina 22,5%; los híbridos (completos y suaves) acumulaban el 33,7% y los PHEV el 10,7%. Estas cifras señalan un punto de inflexión puntual, aunque la desagregación presenta inconsistencias en la fuente respecto al apartado diésel y conviene interpretarlas con cautela.
En el conjunto de la Unión Europea, Reino Unido y países de la EFTA se matricularon 13.271.270 vehículos nuevos en 2025, un aumento del 2,4% respecto a 2024. Los BEV totalizaron 2.585.187 unidades, +29,7% interanual; los HEV alcanzaron 4.566.850 unidades, +12,4%; los PHEV sumaron 1.272.901 unidades, +33,4%. Las ventas de turismos de gasolina cayeron un 18,9% hasta 3.467.041 unidades.
Es relevante el matiz metodológico: las estadísticas agrupan híbridos completos y mild-hybrid en la categoría de «híbridos eléctricos». La mayoría de esos híbridos emplean motores de combustión a gasolina para propulsión o recarga de batería, por lo que agruparlos con los vehículos de gasolina cambia sustancialmente la interpretación del grado real de descarbonización del parque.
Las variaciones en la demanda y la mayor incertidumbre regulatoria están induciendo cambios estratégicos en fabricantes y cadenas de suministro. Varios constructores han moderado objetivos previos de electrificación, reconvirtiendo inversiones hacia tecnologías híbridas, manteniendo desarrollo de motores térmicos y retrasando plataformas BEV de nueva generación. Estas decisiones implican reorientación de inversiones en I+D, líneas de producción, compras de celdas y adaptación de proveedores.
A nivel de política, la modificación en la ambición regulatoria europea para 2035 reduce la seguridad de señal para inversores en infraestructura de carga y producción de baterías, incrementando el riesgo regulatorio. Para operadores de red y planificadores urbanos, la velocidad y composición de la electrificación condicionarán la necesidad de despliegue de cargadores públicos, gestión de picos de demanda y planes de almacenamiento energético.
En términos de emisiones y evaluación de impacto climático, el resultado dependerá de la proporción real de BEV frente a vehículos con motor de combustión asistido por eléctrico, la intensidad de carbono de la generación eléctrica y la eficiencia del ciclo de vida de baterías y componentes. Por tanto, los indicadores útiles para seguimiento técnico son: cuota de BEV sobre ventas totales, energía media por matriz de carga, capacidad instalada de recarga por habitante y volumen anual de celdas producidas/importadas.
La evolución futura estará determinada por la interacción entre demanda de consumidores, costes relativos de las tecnologías, disponibilidad de baterías y claridad normativa. Las decisiones recientes de fabricantes y gobiernos reconfiguran temporalmente la trayectoria de electrificación, pero la profundización real en BEV requerirá señales de política más estables, economía de escala en baterías y despliegue de infraestructura eléctrica adecuada.







