Huevos de Tres Credos
¿Sabías que cocinar antes de las básculas digitales era todo un arte? Alberto Peralta nos cuenta una anécdota divertida sobre la cocina mexicana. En el pasado, se medían tiempos y cantidades con fe y el cuerpo, usando puñados y pizcas. ¡Incluso la religión jugaba un rol en la cocina!
Por ejemplo, para hervir un huevo tibio perfecto, se rezaba. Alberto descubrió que el «credo» dura un minuto con cinco segundos, excepto en Cuaresma, cuando se recita el «credo de los apóstoles», que es más largo. Así, los platillos de Cuaresma tomaban alrededor de tres minutos y medio. ¿Te imaginas? Así es cómo se lograba el huevo tibio ideal.
Las recetas antiguas tenían su propio código. Frases como “cocina hasta que haga ojitos” o “cuando se achicharre” mostraban que eran escritos casi secretos, destinados a quienes heredaban esos conocimientos, no a los principiantes. ¡Una verdadera tradición familiar!








