Más de 100 obispos, monjas, sacerdotes y feligreses participaron en una procesión que cruzó la frontera entre México y Estados Unidos, exigiendo un trato digno y respetuoso hacia los migrantes. Este evento, que se llevó a cabo en Nogales, Arizona, se alineó con las conmemoraciones del 250 aniversario de Estados Unidos.
El obispo James Misko, de Tucson, Arizona, destacó la importancia de la unidad, afirmando que la Iglesia busca un bien común. Durante la misa en la iglesia del Sagrado Corazón de Nogales, los participantes compartieron su preocupación por las difíciles condiciones que enfrentan los migrantes en el desierto, especialmente ante las altas temperaturas que superaron los 36 grados.
La procesión, que incluyó rezos del rosario, fue un momento de solidaridad, según la hermana Eileen McKenzie, quien trabaja con migrantes en la zona. La monja expresó su angustia al contemplar la situación de quienes cruzan el desierto en condiciones desesperadas.
Líderes católicos en Estados Unidos han criticado las políticas de migración, enfocándose en las deportaciones masivas y las condiciones en los centros de detención. La Corte Suprema ha respaldado la capacidad del gobierno para rechazar a solicitantes de asilo, lo que ha suscitado preocupación entre organizaciones religiosas.
El obispo Mark Seitz, de El Paso, Texas, señaló que los capellanes a veces no tienen acceso a los detenidos en el centro de Camp East Montana. Destacó que, a pesar de que muchos de los detenidos son jóvenes y saludables, se han reportado emergencias graves y el acceso limitado a la atención pastoral ha generado preocupación.
Los funcionarios federales acompañaron a los asistentes en su cruce hacia México, donde continuaron con su oración. En su camino, fueron recibidos con amabilidad por quienes pasaban por el lugar. Dylan Corbett, director del HOPE Border Institute, subrayó que la misa era parte de un esfuerzo global de la Iglesia por brindar apoyo y fomentar un trato humanitario hacia los migrantes.
El próximo 4 de julio, el papa León XIV celebrará una misa en Lampedusa, una isla italiana que ha sido un punto de llegada para muchos migrantes que huyen de conflictos en África y Medio Oriente.








