Desde su independencia, Canadá ha sido un refugio para disidentes y perseguidos por las autoridades estadounidenses. A lo largo de la historia, este país ha albergado a leales a la corona británica, esclavos afroamericanos y objetores de guerra, convirtiéndose en un destino seguro para aquellos que buscan escapar de la opresión.
Entre 2017 y 2026, cerca de 115,000 personas, muchas de ellas haitianas y latinoamericanas, cruzaron de manera irregular la frontera hacia Canadá, temerosas de ser deportadas desde Estados Unidos. Este fenómeno continúa la larga tradición de migración en busca de asilo.
Durante la guerra de independencia estadounidense, las colonias británicas que hoy conforman Canadá, como Quebec y Nueva Escocia, fueron fundamentales para los leales británicos. A partir de 1783, con la firma del Tratado de París, Estados Unidos fue reconocido oficialmente, lo que provocó un éxodo masivo de lealistas hacia el norte.
Un gran número de estos refugiados, que incluía afrodescendientes y esclavos, contribuyó a consolidar la identidad canadiense y a diferenciarla de la estadounidense. Con la abolición de la esclavitud en el Imperio Británico en 1834, muchos esclavos huyeron hacia Canadá a través del «ferrocarril subterráneo», buscando libertad y seguridad.
En el siglo XX, Canadá nuevamente se convirtió en un destino para estadounidenses que se oponían a la guerra de Vietnam. Entre 1964 y 1975, aproximadamente 40,000 estadounidenses cruzaron la frontera, reforzando la identidad canadiense ante su vecino del sur. Años después, tras la guerra de Irak, centenares de estadounidenses también buscaron asilo en Canadá, aunque el entorno político era menos receptivo.
Recientemente, el camino rural Roxham Road se ha convertido en un símbolo del refugio canadiense, donde migrantes que enfrentan situaciones precarias en Estados Unidos buscan asilo. Esta historia de Canadá como refugio se ha mantenido constante, atrayendo a quienes buscan seguridad y protección ante las autoridades estadounidenses.









