En la noche del viernes, mientras la selección argentina se aseguraba una clasificación decisiva en Miami, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se encontraba en medio de un intenso debate diplomático sobre el horario del partido entre México e Inglaterra. Esta controversia ilustra el intrincado vínculo entre el deporte y la política, destacando cómo decisiones que parecen banales pueden reverberar en niveles más profundos de gobernanza y relaciones internacionales.
La gestión para modificar el horario se originó en el ámbito diplomático, específicamente desde la embajada británica. Se sugirió que el cambio a un horario más favorable —en este caso del mediodía a las 7 de la tarde en Londres— podría interpretarse como un gesto hacia el público inglés, aumentando la audiencia y el impacto mediático en un momento clave para el primer ministro Keir Starmer, quien busca dejar una huella positiva antes de las próximas elecciones.
Este planteamiento no solo involucró intereses políticos, sino también estratégicos, considerando las dinámicas de los medios. Los derechos de transmisión del partido están compartidos entre la BBC y ITV, esta última de propiedad de BlackRock, la mayor gestora de activos a nivel mundial. Larry Fink, su CEO, hizo recientemente una visita a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, lo que ilustra cómo la diplomacia y las decisiones corporativas pueden interrelacionarse en escenarios de alto perfil como este.
El gobierno de la Ciudad de México identificó la oportunidad de implementar un operativo de seguridad más eficaz durante el día, en contraste con los incidentes violentos que ocurrieron durante los festejos tras el triunfo frente a Ecuador. Estos eventos subrayan la presión social y política que el fútbol puede ejercer, especialmente en un contexto donde la seguridad se convierte en un tema central.
Sin embargo, Infantino se mostró inflexible al negar el cambio, aduciendo que este implicaría ajustes en la programación de otro partido crucial: Brasil contra Noruega. Tal modificación podría acarrear complicaciones logísticas y contractuales con las emisoras de televisión que poseen los derechos del evento. Este escenario pone de relieve la complejidad de las decisiones en el ámbito deportivo, que deben equilibrar intereses comerciales y operativos.
Finalmente, el director técnico de la selección nacional, Javier Aguirre, también se manifestó en contra del cambio de horario, citando la importancia de la planificación. Este tipo de situaciones revela la singularidad del contexto mexicano, donde la intersección entre el deporte y la política está aumentando, en contraste con dinámicas más tradicionales en países como Argentina o Brasil, donde el fútbol a menudo influye en la esfera política de manera más notable.







