En el partido de la liga portuguesa entre Santa Clara y Arouca, el momento más destacado se produjo tras el pitido final cuando el único aficionado visitante presente en el Estadio de São Miguel recibió el reconocimiento del equipo rival.
Vasco Seabra, entrenador del Arouca, ordenó a jugadores y miembros del cuerpo técnico que se acercaran a la tribuna visitante para saludar a Francisco, quien estaba sentado en soledad. Uno a uno, futbolistas y staff se aproximaron para agradecerle su apoyo con abrazos y apretones de mano.
El encuentro concluyó con un empate 0-0. El gesto del club adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta la dificultad del desplazamiento: el aficionado viajó desde Arouca, en el distrito de Oporto, hasta la isla de São Miguel, en las Azores, un trayecto que implica un vuelo de varias horas y cubre aproximadamente 1.500 kilómetros.







