Soy el doctor Daniel Díaz.
Cuando hablamos de adicciones, muchas veces pensamos solamente en drogas, alcohol o centros de rehabilitación. Pero el problema es mucho más profundo.
Las adicciones son un problema de salud pública, pero también pueden convertirse en un problema familiar, educativo, laboral y comunitario.
Y cuando no se previenen a tiempo, pueden contribuir al deterioro del tejido social.
En México tenemos que entender algo fundamental: no podemos esperar a que una persona desarrolle una dependencia para empezar a actuar.
El tratamiento es indispensable y las personas con una adicción merecen atención profesional, respeto y oportunidades para recuperarse. La adicción es un trastorno tratable; no es simplemente falta de voluntad.
Pero también tenemos que reconocer una realidad: la recuperación puede ser difícil.
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos ha documentado tasas de recaída de alrededor del 40 al 60 por ciento en personas tratadas por trastornos relacionados con drogas. Esto no significa que el tratamiento fracase; significa que estamos frente a un problema crónico que puede requerir seguimiento prolongado y nuevas intervenciones.
Por eso, la prevención debe comenzar mucho antes.
Antes de que llegue la primera droga.
Antes de que un adolescente abandone la escuela.
Antes de que la violencia se normalice dentro de una familia.
Antes de que la depresión, la ansiedad, la soledad o la falta de oportunidades encuentren en una sustancia una falsa salida.
¿Cuáles son algunos factores de riesgo?
La violencia familiar, el abandono, los problemas de salud mental no atendidos, la deserción escolar, la presión social, la disponibilidad de drogas, la exclusión y los entornos donde la violencia se vuelve cotidiana.
Pero también tenemos factores de protección.
Familias presentes.
Padres que escuchan y ponen límites.
Escuelas que detectan problemas oportunamente.
Deporte, cultura y espacios públicos seguros.
Atención a la salud mental.
Comunidades organizadas.
Y, sobre todo, jóvenes que encuentran oportunidades, proyectos y razones para construir su futuro.
La propia estrategia mexicana de prevención reconoce la importancia de actuar sobre estos factores biopsicosociales, fortalecer la salud mental y promover la participación de las familias y las comunidades.
También debemos hablar de inseguridad.
No sería correcto afirmar que toda persona que consume drogas es violenta o delincuente. No lo es.
Pero tampoco podemos ignorar que los mercados ilegales de drogas, la violencia asociada a su distribución y determinados consumos problemáticos pueden deteriorar comunidades completas.
Por eso combatir las adicciones no puede limitarse únicamente a policías, cárceles o centros de rehabilitación.
Necesitamos salud pública.
Educación.
Familia.
Deporte.
Salud mental.
Recuperación de espacios públicos.
Y oportunidades para nuestros jóvenes.
La prevención de las adicciones debe formar parte de una estrategia mucho más amplia de construcción de paz y bienestar. Esa visión también está presente en las políticas nacionales de prevención.
Porque cada joven que permanece en la escuela, cada familia que recupera la comunicación y cada problema de salud mental que atendemos oportunamente representa una oportunidad para evitar sufrimiento futuro.
Prevenir es posible.
Y prevenir adicciones no solamente protege la salud.
También protege a las familias, fortalece el tejido social y contribuye a construir comunidades más seguras.
Porque una sociedad que llega antes que la droga es una sociedad que tiene más posibilidades de recuperar la paz.
Soy el doctor Daniel Díaz.
Y estoy convencido de algo:
en materia de adicciones, prevenir siempre será mejor que intentar reconstruir una vida cuando el daño ya está hecho.









