El brote de ébola en la República Democrática del Congo ha provocado la muerte de mil 801 personas y se han confirmado 3 mil 973 casos desde su inicio el 15 de mayo. Esta situación se convierte en un problema crítico para la salud pública en la región.
Según un boletín del Ministerio de Comunicación congoleño, la tasa de letalidad actual es del 45.3%. Hay 674 pacientes en aislamiento o hospitalizados, mientras que 776 personas han logrado recuperarse de la enfermedad. La tasa de rastreo de contactos se sitúa en el 75.3%.
El brote ha afectado a cinco provincias: Ituri, Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uélé y Tshopo. Aunque no se ha registrado una nueva extensión geográfica de las infecciones en las últimas 24 horas, el Instituto Nacional de Salud Pública de la RDC advierte que la epidemia sigue en fase de transmisión sostenida.
Esta epidemia se ha convertido en la segunda más grave de la historia en términos de contagios registrados, superando el brote que tuvo lugar entre 2018 y 2020, que dejó 2 mil 299 muertes. Se trata de la decimoséptima epidemia que enfrenta el país y presenta el crecimiento más rápido de contagios en comparación con brotes anteriores.
A pesar de la gravedad de la situación, el brote aún se encuentra lejos de la epidemia más devastadora, que ocurrió en África Occidental entre 2014 y 2016, con aproximadamente 11 mil muertes y 28 mil contagios. La cepa que circula actualmente es la de Bundibugyo, que tiene una tasa de letalidad que varía entre el 30% y el 50%, y no cuenta con vacunas o tratamientos autorizados.
En un contexto regional, Uganda ha declarado estar «libre de ébola» tras enfrentarse a 20 contagios, de los cuales 15 eran importados de la RDC, y dos resultaron en fallecimientos. El virus se transmite a través del contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados, y causa fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas.









