Existe un discurso muy repetido en México: «Estados Unidos ya está completamente digitalizado; nosotros vamos muy tarde». Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.
Paradójicamente, el país que alberga a gigantes tecnológicos como Apple, Microsoft, Google, Amazon o NVIDIA todavía enfrenta serios problemas para modernizar buena parte de su aparato gubernamental. No lo dice un analista ni un político. Lo dice la Government Accountability Office (GAO), el órgano fiscalizador del Congreso de Estados Unidos.
En su informe publicado en julio de 2025, la GAO revisó 69 sistemas informáticos federales y concluyó que 11 de ellos requieren una modernización urgente. Ocho continúan operando con lenguajes de programación obsoletos como COBOL y Assembly, cuatro utilizan hardware o software sin soporte técnico y siete presentan vulnerabilidades conocidas de ciberseguridad.
Lo más preocupante es que estos sistemas sostienen funciones críticas del gobierno estadounidense: procesamiento de impuestos, infraestructura estratégica, atención médica y seguridad nacional.
Y el problema no termina ahí.
Hace seis años, en 2019, la propia GAO identificó diez sistemas prioritarios para modernizar. Para febrero de 2025, únicamente tres habían concluido su actualización. Cuatro siguen en proceso, dos necesitarán al menos cinco años más y uno ni siquiera tiene una fecha estimada para terminar.
Es decir, incluso la primera potencia económica del mundo enfrenta enormes dificultades para transformar digitalmente a su gobierno.
¿Por qué ocurre esto?
Porque digitalizar no significa comprar computadoras ni desarrollar una aplicación. Significa rediseñar procesos, migrar millones de registros históricos, garantizar la continuidad operativa, fortalecer la ciberseguridad y coordinar instituciones enteras. Es un cambio organizacional, financiero y cultural.
La GAO advierte que la falta de planes completos de modernización incrementa el riesgo de sobrecostos, retrasos y fracaso de los proyectos, prolongando además la vida útil de sistemas cada vez más vulnerables.
Esta reflexión resulta especialmente relevante para México.
Con frecuencia se critica a las instituciones públicas por no digitalizarse al ritmo esperado, pero pocas veces se reconoce la enorme complejidad técnica y administrativa que implica modernizar sistemas que llevan décadas operando y de los cuales dependen millones de ciudadanos.
La transformación digital no debe medirse por el número de trámites disponibles en línea, sino por la capacidad de construir plataformas seguras, interoperables, sostenibles y capaces de mantenerse vigentes durante muchos años.
Estados Unidos sigue siendo líder mundial en innovación tecnológica. Pero incluso allí la digitalización gubernamental continúa siendo una tarea inconclusa.
Quizá la verdadera enseñanza es que la transformación digital no es un destino al que se llega; es un proceso permanente de modernización. Y si la economía más poderosa del mundo aún batalla para lograrlo, sería un error pensar que existe una solución sencilla o inmediata para cualquier otro país.
Por : Mario Felipe Cervantes Villegas
Co- Fundador Contacto Noticias









