La Marina de Estados Unidos movilizó al portaviones USS George Washington desde el océano Pacífico hacia Medio Oriente, en medio de cuestionamientos sobre la salud mental de la tripulación y el abastecimiento del USS Abraham Lincoln, que lleva más de 260 días desplegado en altamar.
El Lincoln participa en las operaciones estadounidenses relacionadas con el conflicto con Irán. Su prolongada permanencia en la región ha generado preocupación entre legisladores y familiares de los marineros, quienes han solicitado información sobre las condiciones a bordo.
La Marina reconoció que las acciones de combate interrumpieron los centros tradicionales de suministro en Medio Oriente. Esta situación provocó escasez de algunos productos y retrasos en la entrega de correo, aunque la institución aseguró que la tripulación cuenta con agua limpia, alimentos y artículos de higiene.
El George Washington zarpó desde Vietnam y avanzó junto con un crucero y un destructor por el estrecho de Singapur. Un funcionario de la Marina confirmó que el grupo naval se encontraba en el estrecho de Malaca, ruta que conecta los océanos Pacífico e Índico.
El despliegue del George Washington permitiría relevar al Lincoln como uno de los dos portaviones estadounidenses asignados a Oriente Medio. La medida dejaría temporalmente al Pacífico sin la presencia de un portaviones de Estados Unidos.
Las operaciones se desarrollan mientras las hostilidades entre Estados Unidos e Irán han disminuido. Sin embargo, la Marina reimpuso un bloqueo sobre puertos iraníes en el estrecho de Ormuz, mientras el gobierno del presidente Donald Trump no ha definido públicamente cómo pretende poner fin al conflicto.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó que Estados Unidos podría mantener el bloqueo de manera indefinida. También señaló que busca el regreso de los marineros del Lincoln y una rotación de su tripulación, aunque rechazó los reportes sobre problemas graves a bordo.
Legisladores demócratas han pedido investigaciones y más información sobre las condiciones del buque. El senador Richard Blumenthal advirtió que la duración del despliegue es especialmente preocupante debido a la continuidad de las operaciones militares y a la posibilidad de que la Marina permanezca durante largo tiempo en la región.
El senador Ruben Gallego, veterano del Cuerpo de Marines, anunció que pretende organizar una visita bipartidista de supervisión al portaviones. Afirmó que el trato recibido por los marineros es inaceptable y representa un riesgo para la seguridad.
La cúpula de la Marina sostuvo una reunión con familiares de los tripulantes del Lincoln, en la que los responsables de las fuerzas aéreas y de superficie prometieron buscar alternativas para relevar al buque. La institución también rechazó informes previos sobre escasez de alimentos y los calificó de falsos.
Posteriormente surgieron reportes sobre problemas de salud mental entre los marineros. La Marina aseguró que no ha detectado un aumento de pensamientos o intentos suicidas, pero se negó a divulgar cifras por razones de seguridad operativa y privacidad médica.
Un funcionario informó que un marinero cayó por la borda, fue rescatado y recibió atención médica antes de ser trasladado para continuar su tratamiento. No se precisó si el incidente fue considerado un intento de suicidio.
El Comando Central de Estados Unidos negó que existan condiciones inadecuadas a bordo y destacó la resistencia de los marineros e infantes de Marina tras cientos de días en altamar, miles de vuelos y el uso de grandes cantidades de municiones.
Otros portaviones estadounidenses también han enfrentado despliegues prolongados. El USS Gerald R. Ford regresó tras una misión de 11 meses, durante la cual participó en operaciones relacionadas con Irán y Venezuela, y sufrió un incendio en el área de lavandería que dejó a cientos de marineros sin alojamiento temporal.







