Soy empresario y, quizá por deformación profesional, he aprendido a mirar el mundo a través de sistemas. También soy aprendiz de la filosofía del chileno Rafael Echeverría y de la ontología del lenguaje. De ahí me quedó una idea que terminó influyendo profundamente en mi manera de entender a las organizaciones: el ser humano es sistémico. No actúa aislado; vive dentro de relaciones, conversaciones, reglas e inercias que condicionan buena parte de lo que puede hacer.
Tal vez por eso terminé dedicando mi principal actividad empresarial precisamente a la sistematización mediante software. Desarrollar software obliga a entender cómo funciona una organización: quién toma decisiones, qué información recibe, qué procesos ejecuta, dónde están los cuellos de botella y qué sucede cuando una arquitectura deja de evolucionar.
Hace poco terminé Porfirio Díaz, del historiador británico Paul Garner, y ocurrió algo curioso. Dejé de observar el Porfiriato únicamente como un periodo histórico y comencé a verlo como una arquitectura de poder. Entonces pensé inevitablemente en Guanajuato.
TREINTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS
Primero una precisión indispensable: el Porfiriato y los gobiernos del PAN en Guanajuato no son equivalentes. Porfirio Díaz encabezó un régimen autoritario nacional en una época completamente distinta. Guanajuato tiene elecciones, oposición, instituciones electorales y alternancia municipal. Mi comparación es otra: tiene que ver con lo que ocurre cuando una misma estructura política permanece demasiado tiempo en el poder.
El PAN gobierna Guanajuato desde 1991. Carlos Medina Plascencia, Vicente Fox, Juan Carlos Romero Hicks, Juan Manuel Oliva, Miguel Márquez, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo y ahora Libia Dennise García Muñoz Ledo. Treinta y cinco años.
Eso no demuestra por sí mismo corrupción ni autoritarismo. Un partido puede ganar elecciones consecutivamente porque los ciudadanos así lo deciden. Pero tres décadas y media inevitablemente construyen una arquitectura: generaciones de funcionarios, legisladores, alcaldes, dirigentes, empresarios, operadores y aspirantes que aprendieron a hacer política dentro de las mismas reglas. Y ahí encontré la parte más interesante de Garner.
EL PROBLEMA DE PORFIRIO NO FUE SOLAMENTE PORFIRIO
Díaz construyó durante décadas una extraordinaria maquinaria política para conservar estabilidad y administrar los equilibrios del país. El problema apareció cuando aquella maquinaria tuvo que responder una pregunta para la cual no estaba preparada: ¿qué pasa después de mí?
Bernardo Reyes había construido desde Nuevo León una importante base política y terminó convertido en una figura con proyección nacional. Venustiano Carranza, cercano políticamente al reyismo, buscó posteriormente la gubernatura de Coahuila. Cuando comenzaron a surgir liderazgos con autonomía propia, el régimen reaccionó cerrándose. Reyes terminó desplazado de la sucesión y enviado a Europa; Carranza tampoco consiguió entonces llegar a la gubernatura.
Díaz había cometido uno de los errores más peligrosos para cualquier organización longeva: confundir disciplina con estabilidad. Eliminar la competencia interna puede dar una enorme sensación de control, hasta que llega la sucesión.
EL PAN DEBERÍA LEER ESA HISTORIA
No porque Guanajuato viva un nuevo Porfiriato, sino porque ninguna organización puede vivir indefinidamente de quienes construyeron sus primeros éxitos. Y aquí aparece la pregunta incómoda: ¿el PAN de Guanajuato continúa produciendo nuevos liderazgos o solamente redistribuye posiciones entre generaciones provenientes de las mismas estructuras?
Los nombres cambian y las generaciones también, pero alrededor del poder continúan apareciendo grupos vinculados con gobernadores, exgobernadores, legisladores y dirigentes que durante décadas han construido el panismo guanajuatense: Romero Hicks, Oliva, , Diego Sinhue, Jorge Espadas. Y alrededor de ellos han crecido nuevas generaciones políticas.
Nada de eso es ilegal ni necesariamente negativo. Todos los partidos construyen grupos y corrientes internas. El problema comienza cuando la pregunta deja de ser quién representa mejor a la sociedad y se convierte en qué grupo controla mejor al partido. Ahí empieza el envejecimiento político.
LA PARADOJA DEL ÉXITO
Hay algo fascinante en la historia de los sistemas longevos: muchas veces su principal problema nace precisamente de su éxito. El Porfiriato consiguió estabilidad después de décadas de guerras, levantamientos e intervenciones. Hubo infraestructura, inversión y modernización económica, y esos resultados ayudaron a prolongar el régimen.
El PAN también llegó a Guanajuato representando algo completamente diferente a lo que existía. Llegó como oposición, hablando de democracia y enfrentándose a un sistema político que parecía incapaz de permitir la alternancia. Por eso existe una ironía histórica que el panismo debería evitar: que aquel partido que llegó combatiendo estructuras cerradas termine, tres décadas después, construyendo mecanismos para proteger a sus propios grupos.
Porque el verdadero riesgo de permanecer demasiado tiempo en el poder es comenzar a creer que el partido, el gobierno y el Estado son parte de una misma cosa. No lo son.
EL PELIGRO NO SIEMPRE VIENE DE MORENA
Durante mucho tiempo los partidos dominantes creen que su principal amenaza está afuera. Frecuentemente se equivocan. Díaz sobrevivió durante décadas a rebeliones, conspiraciones y adversarios; lo que finalmente no pudo procesar adecuadamente fue la renovación de su propia estructura. Cuando aparecieron liderazgos con autonomía, el régimen tuvo dificultades para incorporarlos sin interpretarlos como amenazas.
Ahí está quizá la principal lección para Acción Nacional. Morena puede crecer, Movimiento Ciudadano puede avanzar, el PRI puede seguir perdiendo presencia y pueden surgir nuevos liderazgos ciudadanos. Pero una parte importante del futuro del PAN en Guanajuato dependerá de lo que ocurra dentro del propio PAN.
Dependerá de si existe competencia auténtica, de si permite crecer a liderazgos que no pertenecen a los grupos tradicionales, de si entiende que disentir no significa traicionar y, sobre todo, de aceptar que ningún grupo es propietario permanente de una institución política.
LA DEUDA TÉCNICA DEL PAN
En desarrollo de software existe un concepto que me parece extraordinariamente útil para explicar esto: la deuda técnica. Puedes construir un sistema e ir postergando problemas. No actualizas una parte porque todavía funciona, improvisas otra, colocas un parche y después otro. El programa sigue funcionando y entonces supones que todo está bien, hasta que un día descubres que tienes una plataforma gigantesca sostenida sobre decisiones que nadie quiso corregir a tiempo.
En política ocurre algo parecido, sólo que podríamos llamarlo deuda política. Cada liderazgo que bloqueas, cada generación que no permites crecer, cada candidatura decidida para conservar equilibrios internos, cada militante que concluye que competir no tiene sentido porque las decisiones ya fueron tomadas y cada ciudadano que comienza a sentir que siempre aparecen los mismos apellidos, grupos y personajes.
Todo se acumula. Y durante años puede parecer irrelevante porque el partido sigue ganando elecciones. Hasta que deja de hacerlo.
LA LECCIÓN DE PORFIRIO
Después de leer a Garner entendí que el gran problema de Porfirio Díaz no fue construir un sistema incapaz de gobernar. Fue exactamente lo contrario: construyó uno extraordinariamente eficaz para gobernar su presente, pero cada vez más complicado para procesar su futuro.
Y esa diferencia es fundamental. Conquistar el poder requiere talento, conservarlo requiere organización, pero renovarlo requiere inteligencia política.
Después de 35 años gobernando Guanajuato, ésa debería ser una de las grandes discusiones dentro de Acción Nacional. No cómo conservar el poder otros seis años, sino cómo evitar que la longevidad termine convirtiéndose en cerrazón.
La historia no se repite de manera idéntica. Los contextos cambian, las instituciones cambian y los personajes cambian. Pero quienes estudiamos sistemas sabemos algo: cuando una estructura deja de renovarse, comienza a acumular errores.
Porfirio Díaz los acumuló durante años hasta que su arquitectura política dejó de poder procesarlos. El PAN todavía está a tiempo de estudiar esa historia.
Porque quizá la gran lección del Porfiriato no sea cómo se construye un régimen de treinta años, sino cómo empieza a terminar.
Por Mario Felipe Cervantes









