Hay algo que convendría recordarles a los aspirantes del PAN antes de repartir abrazos, felicitaciones y fotografías de unidad como si ya estuvieran preparando el discurso desde el balcón de Presidencia Municipal: ganar dentro del PAN no significa ganar afuera del PAN.
Los procesos internos sirven para medir estructura, militancia, respaldos y capacidad de organización. Todo eso importa. Pero una elección tiene una pequeña complicación que a veces se pierde entre reuniones, grupos de WhatsApp y aplausos: también votan los ciudadanos. Y son muchos más.
Una cosa es conocer los pasillos del Comité Municipal y otra caminar las calles de Irapuato. Una cosa es que los militantes te saluden por tu nombre y otra que sepan quién eres en colonias, mercados, fraccionamientos y comunidades.
Por eso el camino apenas comienza.
Irapuato..
Hay que caminar Irapuato, pero caminarlo de verdad. No solamente acudir a eventos, reuniones con liderazgos o lugares donde el aplauso está garantizado. Hay que entrar donde existe enojo, indiferencia y desencanto.
Porque hay un Irapuato que pocas veces aparece en las fotografías oficiales. El de comerciantes, pequeños empresarios, trabajadores, jóvenes, profesionistas, amas de casa y ciudadanos que jamás han pisado un comité partidista.
Yo recojo constantemente ese sentimiento en el verdadero Irapuato: el ánimo de mucha gente respecto de la política está por los suelos.
No es necesariamente rechazo hacia una persona o un partido. Es cansancio de promesas, campañas y discursos que cada tres años anuncian que ahora sí todo será diferente.
Y a ese ciudadano poco le importa quién ganó una contienda interna. Probablemente ni siquiera sabe que hubo una.
Ese es el peligro de los partidos: construir pequeños universos donde todos conocen a todos y terminar creyendo que ese entusiasmo representa a toda la ciudad.
En una reunión partidista cualquiera puede parecer una celebridad:
“¡Presidente!”, “ Vamos con todo!, “Ya
ganamos!”… “Unidad”
Ahora salgan tres cuadras y vuelvan a preguntar.
Ahí empieza la elección de verdad.
Porque la política partidista puede convertirse en una cámara de eco: las mismas personas compartiendo las mismas publicaciones, felicitándose entre ellas y convenciéndose de que afuera ocurre exactamente lo mismo.
Pero afuera hay otra realidad.
La elección se disputará en las colonias, las comunidades y las secciones electorales. Importarán el conocimiento de los candidatos, la percepción de los gobiernos, los problemas cotidianos y, especialmente, la capacidad de convertir simpatía en participación.
Las campañas podrán tener TikTok, reels, drones, espectaculares, encuestas y fotografías perfectamente iluminadas, pero el día de la elección seguirá existiendo una tecnología bastante antigua:
la urna.
Y la urna no cuenta likes. Cuenta votos.
Irapuato no está escriturado a nombre de ningún partido. Las generaciones cambian, las lealtades electorales también y cada elección obliga a reconstruir confianza. Pensar que una marca partidista resolverá automáticamente la contienda sería confundir historia electoral con cheque en blanco.
Por eso no basta con movilizar militantes. Habrá que convencer ciudadanos y conseguir algo todavía más complicado: que salgan de sus casas y voten.
Ahí estará buena parte de la batalla de 2027: territorio, estructura, colonias, comunidades, secciones electorales y capacidad de movilización.
Una campaña genera conversación. La organización convierte simpatía en participación.
Así que quienes hayan ganado sus procesos internos pueden celebrar una noche. Al día siguiente toca trabajar.
Porque afuera están la abstención, el desencanto, la distancia entre políticos y ciudadanos y, por supuesto, los demás partidos intentando capitalizar exactamente ese mismo estado de ánimo.
La elección no se disputará convenciendo panistas.
Se disputará convenciendo irapuatenses.
Así que tómense la fotografía, dense el abrazo y suban la publicación.
Después guarden el celular y pónganse zapatos cómodos.
Hay mucho Irapuato que caminar.
Ganar dentro del PAN solamente permite entrar a la cancha. La elección se juega afuera.
Y el partido apenas comienza.








