La industria azucarera mexicana solicita a Estados Unidos la eliminación de restricciones que han disminuido sus exportaciones en los últimos ciclos. Estas limitaciones están en contradicción con acuerdos establecidos hace más de una década, según representantes del sector agropecuario involucrados en las negociaciones del T-MEC.
La implementación del concepto de «importaciones futuras» ha reducido significativamente la participación del azúcar mexicana en el mercado estadounidense, pasando de una cuota promedio de un millón de toneladas a cerca de 180 mil en la actualidad. Esta caída ha impactado también en el mercado local, provocando una disminución de precios y obligando a vender excedentes a nivel internacional a un costo inferior al que tendrían en Estados Unidos.
En respuesta a la situación, México introdujo el año pasado una nueva estructura arancelaria para las importaciones de azúcar, estableciendo un arancel del 156% ad valorem por kilo para todos los tipos de azúcar y un 210.44% para el azúcar líquida refinada. Sin embargo, Estados Unidos mantiene una estructura que permite la importación de azúcar de terceros países.
Representantes del sector sugieren que es fundamental que ambos países actúen para crear un mercado común de azúcar con reglas equitativas. La agroindustria azucarera mexicana, que involucra a muchos trabajadores y productores locales, es una parte esencial de la economía y cualquier distorsión en el mercado genera inquietud.
Se menciona también una discrepancia sobre el uso de fructosa estadounidense, que entra a México sin aranceles y compite con el azúcar local. Para abordar el desequilibrio en el sector de edulcorantes, la industria azucarera mexicana considera iniciar un proceso antidumping contra la fructosa si no se logran ajustes satisfactorios en las negociaciones.






