La política tiene una característica que muchos olvidan: es completamente circunstancial. Ninguna elección se gana dos años antes ni se pierde por una encuesta. Las campañas cambian, los errores pesan, los aciertos impulsan, las alianzas se modifican y el humor social evoluciona. Todo puede cambiar.
Sin embargo, la ingeniería electoral también enseña que existen variables estructurales que no aparecen de la noche a la mañana: el nivel de conocimiento, el trabajo territorial, la penetración por sección electoral, la recordación de nombre y la capacidad de movilización.
Si hoy se abrieran las urnas en Irapuato, mi lectura es que la ventaja inicial la tendría Irma Leticia González.
Y no necesariamente porque Morena sea hoy el partido más fuerte en el municipio.
De hecho, quien ha seguido mis editoriales sabe que he sido crítico de Morena en distintos temas nacionales y estatales. Pero el análisis electoral obliga a separar las preferencias partidistas de la competitividad de los candidatos. En Irapuato, la próxima elección puede definirse más por la persona que por el logotipo.
Irma Leticia ha construido durante años un activo que pocos políticos locales poseen: presencia territorial permanente.
No es una candidata que aparezca únicamente en campaña. Ha recorrido colonias, comunidades y barrios durante años. Mantiene abierta su casa de gestión y conserva contacto cotidiano con ciudadanos, lo que fortalece el reconocimiento de su nombre y la percepción de cercanía.
Desde la óptica de la ingeniería electoral, ese tipo de presencia suele traducirse en un mayor nivel de recordación y una base de apoyo más estable.
En la elección municipal de 2024 obtuvo cerca de 98 mil votos, una cifra que la colocó como la principal contendiente frente a la coalición encabezada por Lorena Alfaro. Más allá del resultado final, ese caudal electoral muestra que existe una base importante de ciudadanos dispuestos a respaldarla.
Otro elemento relevante es la distribución de ese voto. En la elección anterior logró competitividad en diversas secciones de alta concentración poblacional, donde históricamente se define una parte importante de las elecciones municipales. Ganar o competir con fuerza en zonas de alta densidad no garantiza una victoria, pero sí representa una ventaja estratégica para cualquier aspirante.
A ello se suma un aspecto que suele pasar desapercibido: Irma Leticia conoce con bastante precisión las demandas ciudadanas. Años de trabajo territorial le han permitido identificar cuáles son los problemas que más preocupan a los habitantes de distintas colonias y comunidades, y eso facilita construir un discurso conectado con las necesidades reales del municipio.
Su trayectoria legislativa también le aporta experiencia institucional. Haber sido diputada le permitió conocer la operación del Congreso y la gestión pública. Actualmente, su responsabilidad en la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) fortalece su perfil técnico en temas de infraestructura, movilidad y gestión de obra pública, asuntos que suelen tener un peso importante en la agenda municipal.
Paradójicamente, otro de sus activos es que no ha realizado una estrategia intensa de posicionamiento en medios de comunicación. Una campaña sostenida de comunicación podría incrementar todavía más su nivel de conocimiento entre segmentos donde hoy tiene menor exposición.
Además, hasta ahora no ha estado marcada por escándalos públicos de corrupción de gran magnitud, un factor que, en un contexto de desconfianza hacia la clase política, puede jugar a su favor.
Todo esto no significa que la elección esté decidida. Faltan candidatos, campañas, decisiones partidistas, alianzas, debates y muchos meses de competencia.
Pero si hoy alguien preguntara quién arrancaría con mejores condiciones, la respuesta no estaría únicamente en Morena.
Estaría en Irma Leticia.
Hoy, la principal debilidad de Irma Leticia no parece estar en su nivel de conocimiento ni en su trabajo territorial. La asignatura pendiente ha sido la ingeniería electoral. Morena en Irapuato no ha demostrado una estrategia sólida de movilización del voto ni un análisis fino de la rentabilidad de cada sección electoral. En una elección municipal no basta con tener simpatía; hay que saber dónde están los votos, cuáles se pueden crecer, cuáles deben defenderse y dónde conviene concentrar los recursos humanos y económicos.
El día que Irma Leticia y su equipo comprendan esa lógica o incorporen perfiles especializados en estrategia e ingeniería electoral, su competitividad podría incrementarse de manera importante.
Si eso ocurre, no sería exagerado decir que Irma Leticia podría convertirse en la próxima presidenta municipal de Irapuato.
Este análisis no pretende anticipar si sería una buena o una mala gobernante. Eso solamente puede juzgarse con resultados una vez en el cargo. Lo que aquí se analiza es exclusivamente la competitividad electoral de los perfiles que hoy están sobre la mesa.
En este momento, por trayectoria, nivel de conocimiento, estructura territorial y posicionamiento, Irma Leticia mantiene una ventaja considerable sobre otros perfiles de Morena como Pepe Aguirre y Abraham Sotomayor. Esa ventaja, desde luego, puede modificarse con el tiempo, pero hoy existe.
Paradójicamente, el escenario que hoy parece representar el mayor riesgo para su candidatura no necesariamente está en la competencia externa, sino en las reglas internas de su propio partido. Si Morena determina que la candidatura debe corresponder a un hombre por criterios de paridad o si la propia Irma Leticia decide no participar, el panorama cambiaría por completo. Mientras eso no ocurra, es difícil ignorar que, al día de hoy, es el perfil con mayor competitividad electoral dentro de Morena para disputar la alcaldía de Irapuato.
Por Mario Felipe Cervantes Villegas
Co- Fundador de Contacto Noticias









