El trabajo doméstico y de cuidados en México sigue recayendo principalmente en las mujeres, lo que las coloca en una situación de mayor desigualdad económica y social en comparación con los hombres, según un análisis del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (Iteso).
El estudio revela que, a nivel nacional, las mujeres dedican cerca de 40 horas a la semana a labores de trabajo no remunerado, que incluyen tareas del hogar y el cuidado de integrantes de la familia. En contraste, los hombres invierten solo 18,2 horas semanales, lo que representa una diferencia de 21,5 horas, equivalente a casi un día completo.
En el estado de Jalisco, la situación es similar: las mujeres emplean 37,9 horas semanales en estas actividades, mientras que los hombres apenas alcanzan las 17,3 horas. Esta discrepancia implica que las mujeres en esta entidad dedican el doble de tiempo al cuidado y sostenimiento del hogar.
Expertas en el tema han señalado que estos datos evidencian una carga de trabajo no remunerado desproporcionada para las mujeres, lo que hace urgente la necesidad de un reparto más equitativo de estas labores entre ambos sexos. Se enfatiza que la economía depende en gran medida de este trabajo, y es fundamental otorgarle el reconocimiento correspondiente para la formulación de políticas públicas que ayuden a cerrar las brechas existentes, como la salarial, y faciliten la inserción de las mujeres en el mercado laboral.
El análisis también destaca que, de acuerdo con los datos recientes de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares en México, esta labor tiene un valor económico estimado en ocho billones de pesos, representando un 23,9% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Este porcentaje supera el valor de sectores considerados productivos y que son remunerados, como la industria manufacturera y el comercio.
Por lo tanto, se subraya la importancia de medir y reconocer la denominada «Economía del Cuidado», así como de redistribuir sus diversas tareas de manera más equitativa entre hombres y mujeres. La carga históricamente feminizada e invisibilizada limita la autonomía de las mujeres y afecta su capacidad para acceder a empleos estables y de calidad, donde aún persisten problemas como la discriminación y la brecha salarial.





