El rendimiento inesperado de la selección mexicana en la Copa del Mundo está generando un debate significativo dentro del partido Morena. La administración actual se enfrenta a preguntas críticas: ¿Es acertada la decisión de no asistir a los estadios? ¿Se siente cómodo el electorado de la Cuarta Transformación con esta postura? Y, probablemente, la cuestión más urgente: ¿Está la oposición aprovechando mejor el evento deportivo?
Desde el inicio del torneo, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, ha dejado en claro su posición al optar por participar en un «fan fest» en lugar de asistir al partido inaugural en el Estadio Azteca. Su estrategia fue respaldada por la dirigente local, Ariadna Montiel, quien exhortó a los militantes a disfrutar los encuentros en la calle “junto al pueblo”.
Sin embargo, el desempeño del equipo dirigido por Javier Aguirre está desafiando esta estrategia. Observadores del gobierno, como Clara Brugada, han notado que gobernadores como Pablo Lemus (Jalisco) y Samuel García (Nuevo León), así como sus alcaldes —Verónica Delgadillo (Guadalajara) y Adrián De la Garza (Monterrey)— están utilizando la Copa del Mundo como un trampolín de imagen pública.
Relevamientos en redes sociales respaldan la noción de que los gobernantes de la oposición están ganando aprobación popular debido a su conectividad con el evento. A pesar de las críticas, en Palacio Nacional se defiende la elección de no asistir. Los funcionarios argumentan que el votante de la 4T, al no poder acceder a los estadios por motivos económicos, no apoyaría ver a sus representantes disfrutando de la experiencia en palcos exclusivos.
Un consultor vinculado al oficialismo afirma que, incluso si la selección llegara a la final, sería más beneficioso para la presidenta observar el partido fuera del estadio. Esta decisión, además, ha generado un desafío de percepción para Morena, que enfrenta críticas por la disonancia entre su discurso y la realidad. Asistir a los partidos sería inconsistente con sus críticas a los altos precios de los boletos, lo que podría asemejarse a situaciones desfavorables como las vacaciones de lujo de figuras cercanas.
La lógica que subyace a esta postura sugiere que los votantes del Movimiento Ciudadano o de la alianza PRI-PAN no ven conflicto en que sus representantes asistan a los juegos, a diferencia del enfoque adoptado por el oficialismo.






